Huitzilac entra a la Zona Metropolitana del Valle de México, pero no sale todavía del imperio del crimen
La incorporación de Huitzilac a la Zona Metropolitana del Valle de México puede calificarse como histórica, pero sería prematuro presentarla como una transformación consumada.
Desde este 26 de agosto, Morelos participa formalmente, a través de ese municipio, en una región integrada por 84 demarcaciones de cuatro entidades. En teoría, esta nueva condición permitirá coordinar políticas de seguridad, movilidad, agua, ordenamiento territorial, infraestructura y protección ambiental. En la práctica, falta saber si la declaratoria traerá presupuesto, instituciones y resultados, o si solamente agregará a Huitzilac en un mapa más grande.
La paradoja es profunda. Huitzilac constituye una de las reservas naturales más importantes del centro del país, forma parte del Corredor Biológico Chichinautzin y cumple una función esencial en la captación de agua para Morelos y la Ciudad de México. Sin embargo, ese territorio privilegiado ha sido castigado durante décadas por la tala clandestina, la extracción ilegal de tierra de monte, el despojo y la venta fraudulenta de terrenos comunales. La riqueza del bosque, en lugar de convertirse en bienestar para sus habitantes, ha despertado apetitos económicos y criminales.
La disputa por la representación de Bienes Comunales tampoco puede analizarse como una sencilla competencia agraria. El control de esos cargos significa influencia sobre bosques, tierras, permisos y documentos de posesión. En mayo de 2024 fueron asesinadas ocho personas en un ataque armado y, en enero de 2025, cinco integrantes de una planilla que buscaba participar en la administración de los bienes comunales fueron ejecutados mientras realizaban labores de proselitismo. En Huitzilac, la defensa o el control de la tierra ha llegado a pagarse con la vida.
La violencia acumulada convirtió a este municipio en uno de los puntos más delicados de la carretera México-Cuernavaca. Asaltos, robo de vehículos, enfrentamientos, ejecuciones y ataques contra autoridades han deteriorado su imagen y golpeado a comerciantes, restauranteros y familias que viven del turismo. No todo habitante de Huitzilac pertenece a la delincuencia —sería profundamente injusto afirmarlo—, pero una parte importante de la población lleva años viviendo bajo el miedo, la sospecha y el silencio impuesto por grupos capaces de disputar territorio y desafiar al Estado. La zona lleva muchos años apareciendo en alertas de viaje del gobierno norteamericano.
Tres Marías carga, además, con un antecedente de dimensión internacional. El 24 de agosto de 2012, policías federales atacaron sobre la carretera México-Cuernavaca una camioneta diplomática en la que viajaban dos agentes de la CIA y un capitán de la Marina mexicana. Los estadounidenses resultaron heridos y el episodio fue calificado por la Embajada de Estados Unidos como una emboscada. Años después, doce policías federales fueron condenados a 34 años de prisión. El caso mostró hasta dónde podían llegar la descomposición institucional, la confusión de intereses y el poder de las armas en ese corredor.
UNA DE LAS CANTINAS MÁS GRANDES DE MÉXICO
A esa realidad se suma el consumo desordenado de alcohol, particularmente visible durante los fines de semana en Tres Marías, convertido en punto de reunión de motociclistas y visitantes. Las autoridades municipales decidieron restringir hasta las cuatro de la tarde la venta de bebidas alcohólicas en alrededor de 70 establecimientos, después de accidentes, riñas y hechos delictivos. No existe, hasta ahora, una estadística pública suficiente para afirmar cuál es la magnitud clínica del alcoholismo en el poblado; pero cuando un gobierno necesita limitar la venta para contener violencia y tragedias carreteras, el problema social resulta imposible de minimizar.
Por eso, la integración metropolitana solamente tendrá sentido si permite recuperar el territorio: vigilancia coordinada en los bosques, inteligencia contra grupos criminales, depuración de cuerpos policiales, certeza jurídica sobre la propiedad comunal, regulación del crecimiento urbano, atención a las adicciones y alternativas económicas para los jóvenes. La declaratoria reconoce que el agua, la contaminación, la movilidad y la inseguridad no respetan fronteras estatales; pero ese reconocimiento debe acompañarse de recursos verificables, objetivos definidos y rendición de cuentas. La incorporación, por sí misma, no extiende automáticamente programas ni modifica las facultades de las autoridades locales.
Huitzilac no necesita únicamente pertenecer a una zona metropolitana: necesita volver a pertenecerles a sus habitantes. Si la nueva coordinación protege el bosque, contiene al crimen, ordena la tierra y devuelve seguridad a la carretera, la decisión habrá valido la pena. Si solamente produce reuniones, discursos y fotografías oficiales, el municipio seguirá siendo la puerta natural entre Morelos y la capital del país, pero también una frontera donde el Estado aparece intermitentemente y el crimen gobierna todos los días.
