La combatividad histórica de la Normal Rural “Emiliano Zapata” de Amilcingo: medio siglo de lucha en la franja oriental de Morelos
Hace 52 años nació la Escuela Normal Rural “Emiliano Zapata” de Amilcingo, una de las cuatro comunidades que integran el municipio de Temoac (las otras tres son la cabecera municipal, Popotlán y Huazulco).
Temoac surgió hace 46 años tras un intenso movimiento social encabezado por el profesor Vinh Flores Laureano, quien siete años antes había impulsado la creación del plantel normalista.
Se trató de un estimado maestro arteramente asesinado durante el sexenio represivo de Armando León Bejarano Valadez (gobernador de Morelos de 1976 a 1982), después de que los cuatro pueblos se escindieran de Zacualpan de Amilpas.
La crisis política y social tuvo su origen en las demandas por mejores condiciones operativas al interior de la Escuela Normal de Amilcingo. Varias veces el “todopoderoso” gobernador Bejarano vio tambalear su poder en la región, un patrón que se repetiría en la franja oriental de Morelos. Un ejemplo quedó grabado en la memoria colectiva el 7 de agosto de 1993 en Jonacatepec, cuando la población casi lincha a varios agentes de la entonces Policía Judicial del estado ante el entonces gobernador Antonio Riva Palacio López.
La región oriente de Morelos se caracteriza por ser una zona rural con arraigadas tradiciones de lucha política y formas consolidadas de organización comunitaria. En los años sesenta transitaron por ahí integrantes de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria de Guerrero, liderada por Genaro Vázquez. El propio maestro Vinh Flores Laureano encabezó la lucha por la creación de la Normal Rural de Amilcingo y pagó con su vida esa combatividad.
Al mismo tiempo, se trata de una sociedad patriarcal y conservadora, con fuerte estructura comunitaria, una arraigada cultura de las armas y un alto número de exmilitares y expolicías que conservan y utilizan sus armas. La gente de estos pueblos es valiente y suele ver en las profesiones castrenses o policiales un oficio acorde a su carácter. No es casualidad que infinidad de linchamientos hayan tenido como escenario comunidades como Zacualpan de Amilpas, Amilcingo, Jonacatepec, Chalcatzingo, Axochiapan, Hueyapan, Tepalcingo, Achichipico y otras más.
La historia de la Escuela Normal Rural “Emiliano Zapata” de Amilcingo se distingue por la combatividad de sus alumnas, siempre respaldadas por los padres de familia. Durante más de cinco décadas, todas sus movilizaciones han estado relacionadas con acciones y omisiones de las autoridades educativas federales y estatales, que históricamente han desdeñado a estas comunidades rurales.
Las estudiantes forman parte de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), a la que también pertenecen otras normales rurales importantes, entre ellas la de Ayotzinapa, Guerrero (ubicada a escasos 25 km de Chilpancingo). Jóvenes morelenses estudian en Ayotzinapa, la única normal rural del estado vecino entre las 22 que existen en el país. Uno de sus sellos distintivos ha sido la solidaridad permanente con las luchas de la Normal de Amilcingo.
Sobre Vinh Flores Laureano
Nació el 18 de diciembre de 1946 en Amilcingo. El 7 de septiembre de 1976, con 30 años de edad, salió rumbo a Jonacatepec y nunca más se le volvió a ver con vida. Su cuerpo apareció sin vida en un barranco entre los límites de Morelos y Puebla, cerca de la carretera Panamericana.
Testigos de la época lo señalan como la primera de las 21 víctimas que dejó el hecho de haber contrariado, en 1969, la decisión del presidente Gustavo Díaz Ordaz de cerrar 16 de las 32 normales rurales que existían en el país. A pesar de ello, el maestro Flores Laureano encabezó el movimiento que logró la fundación de la Normal Rural de Amilcingo y la construcción de un CBTA en la región. Su liderazgo social y político le costó la vida.
Se dice que el operativo en su contra fue dirigido por Apolo Bernabé Ríos, alias “El Polvorón” (finado), por muchos años agente de la Policía Judicial de Morelos y encargado del área de investigaciones políticas. “El Polvorón” murió en 2013 en el penal de Atlacholoaya mientras purgaba condenas por homicidio.
Un blog dedicado a su memoria resume así su legado:
“Hoy todavía nos preguntamos extrañados cómo pudo una comunidad rural, de menos de mil habitantes, realizar la proeza de contrariar una directiva presidencial. La respuesta no es sencilla, pero creemos que el papel que jugó el joven Vinh fue fundamental. El gobierno también lo creyó y por eso quiso mostrar un castigo ejemplar cuando acribilló al joven luchador. Después de él le siguieron Benedicto Rosales, ayudante municipal y padre de familia, quien fue abatido entre sus dos hijas y su esposa cuando regresaba a casa. Los asesinos no se detuvieron ante nada ni nadie y en 1993 ya se podían contabilizar 21 víctimas del desacato”.
