LA REGIDORA DEL RUIDO: ANA SÁNCHEZ GUERRA, MÁS ESTRIDENCIA QUE SOLUCIONES
En el Ayuntamiento de Cuautla, la regidora Ana Sánchez Guerra, del PVEM, se convirtió en el principal espectáculo de la función pública. Protagonismo desmedido, belicosidad constante, alharacas diarias y una violencia verbal que ya forma parte de su marca personal. Mientras Cuautla enfrenta desafíos reales de seguridad y gobernabilidad tras el Operativo Enjambre, la edil prefiere el escándalo como estrategia. Sus nulos resultados legislativos quedan sepultados bajo toneladas de declaraciones incendiarias. Es la reina del ruido en un municipio que necesita urgentes acciones, no más teatros.
Ahora acusa a la gobernadora Margarita González Saravia de generar “ingobernabilidad” en aquella localidad. Nada más alejado de la realidad. El Ejecutivo estatal ha actuado con prudencia para evitar mayor desestabilización tras la caída de los presidentes municipales de Cuautla y Atlatlahucan. En lugar de reconocer ese esfuerzo por contener el caos, Sánchez Guerra lanza culpas gratuitas para posicionarse. Su narrativa ignora que la verdadera amenaza ha sido la infiltración del crimen organizado en gobiernos locales, no la mano del estado intentando estabilizar.
La misma regidora exige ahora al gobierno federal la desaparición de poderes en Cuautla, argumentando indicios de más funcionarios ligados al narco. Si existen pruebas, bienvenidas: la FGR debe investigar, procesar y meter a la cárcel a quien corresponda, sin excepciones. Pero mientras tanto, Cuautla no puede quedarse paralizada. Hoy la alcaldesa interina Nancy Echeverría Guerrero da pasos concretos al nombrar funcionarios clave en seguridad pública y tránsito. Eso es gobernar. Lo otro es solo pedir más intervención federal para seguir en los reflectores.
Llama la atención que esta edil, tan brava en las sesiones y en redes, presuntamente vive con miedo al prófugo exalcalde Jesús Corona Damián. Tanto que se mueve con una custodia desproporcionada de la Guardia Nacional: entre 8, 13 y hasta 16 elementos según el día. ¿Protección legítima o escenografía para victimizarse? Una regidora que presume valentía verbal pero requiere semejante aparato de seguridad genera más dudas que confianza. La ciudadanía merece representantes que enfrenten los problemas, no que los utilicen para justificar su escolta VIP.
El colmo de su intolerancia quedó al descubierto el 23 de enero en el centro de Cuernavaca, cuando Ana Sánchez Guerra casi llega a los golpes con dos reporteras que solo cumplían su labor: preguntar a qué le teme y para qué requiere entre 8 y 16 elementos de la Guardia Nacional como escolta personal. Visiblemente alterada, la regidora las grabó, las insultó, las acusó de hostigamiento y exigió sus datos personales, todo frente a las cámaras. Aquel episodio no solo exhibió su violencia verbal habitual, sino su incapacidad para tolerar el escrutinio público que ella misma provoca con su desproporcionada custodia. Una edil que agrede a la prensa por cuestionar su miedo no inspira confianza, solo confirma que su belicosidad es selectiva: brava contra periodistas, pero protegida por un ejército federal.
En síntesis, Ana Sánchez Guerra es mucho más ruido que nueces. Su belicosidad y estridencia no han resuelto ni un solo problema de Cuautla. Al contrario, contribuyen al circo que distrae de las soluciones reales.
Morelos y Cuautla necesitan funcionarios con resultados, no con micrófonos. Mientras la regidora siga priorizando el protagonismo sobre el trabajo serio, seguirá siendo lo que mejor sabe hacer: parte del problema, nunca de la solución. Por cierto, la hermana de la multicitada fémina, la senadora Juanita Guerra Mena, no canta mal las rancheras en cuanto al mismo protagonismo. De ello comentaremos en otra ocasión.
