Morelos, invisible para el nuevo capital: apenas 300 mil dólares de inversión extranjera en seis meses
Mientras el Gobierno de Morelos habla de giras, encuentros empresariales, misiones comerciales y futuras inversiones, las cifras oficiales colocan al estado frente a una realidad mucho menos halagadora: durante el primer semestre de 2026, la entidad captó apenas 300 mil dólares de nuevas inversiones extranjeras, una cantidad prácticamente testimonial dentro del mapa económico nacional.
Datos de la Secretaría de Economía, difundidos por El Economista este jueves, colocan a Morelos entre las entidades con menor llegada de capital extranjero verdaderamente nuevo. Con apenas 0.3 millones de dólares, el estado se ubicó alrededor del lugar 25 entre las 32 entidades federativas, empatado en términos redondeados con Chiapas y apenas por encima de Colima, Tlaxcala y cinco estados que registraron salidas de capital.
La cifra adquiere su verdadera dimensión cuando se compara con los estados que encabezan la clasificación. Baja California Sur captó 523.9 millones de dólares de nueva inversión extranjera; Nuevo León, 473.4 millones; Querétaro, 410.5 millones; Jalisco, 256 millones, y Quintana Roo, 255 millones de dólares.
Dicho de otra manera: Baja California Sur recibió alrededor de mil 746 veces más capital nuevo que Morelos; Nuevo León, mil 578 veces más, y Querétaro, mil 368 veces más. No se trata de una distancia menor ni de una diferencia explicable solamente por el tamaño territorial o poblacional. Es una brecha que exhibe la limitada capacidad morelense para atraer empresas, abrir líneas de producción y generar nuevos proyectos económicos.
Incluso entidades cercanas y comparables dejaron muy atrás a Morelos. Puebla captó 122.6 millones de dólares; Hidalgo, 81 millones; Guerrero, 17.6 millones, y Michoacán, una cantidad similar. Hasta Oaxaca, con 5.3 millones, recibió casi 18 veces más nueva inversión extranjera que Morelos.
Mucho discurso, poquísimo capital nuevo
El indicador requiere una precisión importante. La Inversión Extranjera Directa se integra por tres componentes: nuevas inversiones, reinversión de utilidades y cuentas entre compañías. No todo el dinero registrado como IED representa la instalación de una fábrica, la llegada de una empresa o la apertura de nuevas fuentes de empleo.
Durante el primer semestre de 2026, Morelos reportó una IED total cercana a 163.2 millones de dólares. Sin embargo, si solamente 300 mil dólares correspondieron a nuevas inversiones, eso significa que alrededor de 99.8 por ciento del capital extranjero contabilizado en el estado provino de empresas que ya estaban instaladas, principalmente mediante la reinversión de sus utilidades.
La diferencia es sustancial. Que las compañías existentes mantengan sus operaciones y reinviertan parte de sus ganancias es una señal positiva: demuestra que todavía encuentran condiciones para permanecer en Morelos. Pero no equivale a la llegada de nuevos jugadores, plantas industriales, centros tecnológicos o proyectos capaces de ampliar significativamente la economía estatal.
En el país, las nuevas inversiones representaron 7.8 por ciento de la IED total durante el periodo. En Morelos, su participación fue de apenas 0.18 por ciento. El estado, por lo tanto, no solamente recibió poco capital extranjero en comparación con otras entidades: prácticamente toda su inversión dependió de empresas que ya estaban aquí.
El contraste también obliga a revisar la narrativa oficial. Durante meses se han anunciado reuniones con empresarios, catálogos de oportunidades, acercamientos internacionales y proyectos todavía sujetos a negociación. Sin embargo, las intenciones de inversión no son inversión realizada, como tampoco una fotografía con representantes empresariales garantiza empleos, fábricas o transferencia tecnológica.
Los resultados muestran que, al menos durante los primeros seis meses de 2026, esos esfuerzos no se tradujeron en una entrada relevante de capital nuevo. Morelos apareció fuera de los grandes corredores nacionales de inversión y también rezagado respecto de entidades del centro del país con las que debería competir por ubicación, infraestructura y acceso al mercado más grande de México.
Ventajas desperdiciadas
El pobre desempeño resulta todavía más difícil de justificar porque Morelos dispone de ventajas que otros estados quisieran tener: cercanía con la Ciudad de México, comunicación carretera con el centro y sur del país, experiencia industrial acumulada en Civac, empresas farmacéuticas y automotrices, instituciones científicas, universidades y capital humano especializado.
Sin embargo, esas fortalezas no parecen integradas en una política económica suficientemente clara. Un inversionista no decide únicamente por el clima o la ubicación. Antes de comprometer su capital revisa la seguridad pública, la disponibilidad de energía y agua, la certeza jurídica sobre la tierra, la calidad de las carreteras, la formación de trabajadores, la agilidad de los trámites y la estabilidad política.
En varios de esos rubros, Morelos arrastra problemas evidentes. La violencia y la extorsión deterioran la confianza; la disponibilidad de agua comienza a convertirse en una restricción para nuevos desarrollos; algunos parques industriales presentan rezagos, y la tramitología municipal puede convertirse en una larga carrera de obstáculos. A ello se agrega una economía con alta informalidad laboral, lo que revela que la reducción de la pobreza no necesariamente ha estado acompañada por la creación suficiente de empleos productivos y bien remunerados.
La competencia entre los estados tampoco se gana con promociones genéricas. Querétaro ha construido durante años cadenas industriales en aeronáutica, autopartes, electrónica, alimentos y energía. Nuevo León dispone de proveedores, infraestructura, universidades técnicas y una promoción económica profesionalizada. Jalisco consolidó un ecosistema tecnológico, mientras Baja California Sur convirtió su actividad turística e inmobiliaria en una plataforma para recibir nuevo capital.
Morelos, en cambio, continúa anunciando posibilidades sin definir con claridad su especialización. El estado tiene capacidades científicas, farmacéuticas, agroindustriales, turísticas y logísticas, pero esas piezas permanecen dispersas. No basta con decir que Morelos lo tiene todo; es necesario explicar qué ofrece, en qué municipios, con qué infraestructura, bajo qué incentivos y con cuáles garantías.
La cifra de 300 mil dólares no debe minimizarse bajo el argumento de que la IED total alcanzó más de 163 millones. Precisamente ahí se encuentra la alerta: las empresas que ya operan en Morelos sostienen el indicador, pero casi nadie nuevo está llegando. El capital existente permanece; el nuevo prácticamente pasa de largo.
El resultado constituye una llamada de atención para la Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo. La dependencia tendrá que explicar qué ocurrió con los anuncios, cuáles proyectos realmente aterrizaron, cuántos empleos generaron y por qué Morelos quedó por debajo incluso de estados con mayores dificultades geográficas y sociales.
Porque una cosa son los catálogos de buenos deseos y otra los dólares efectivamente registrados. Y en esa medición, fría pero contundente, Morelos no figura como un destino atractivo para el nuevo capital: aparece apenas como un punto casi invisible en el mapa nacional de las inversiones.
