PISA prende las alarmas: Morelos ni siquiera sabe dónde está parado
Los resultados de PISA 2025, difundidos este martes por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), volvieron a encender las luces rojas sobre la educación mexicana: el país obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, todos por debajo de los promedios de la organización. Particularmente preocupante resulta matemáticas, donde México perdió siete puntos respecto de 2022 y registró su resultado más bajo desde 2006. Apenas tres de cada diez estudiantes mexicanos alcanzaron al menos el nivel básico de competencia matemática.
¿Y Morelos? Ahí comienza otro problema. Los resultados dados a conocer por la OCDE no ofrecen una calificación representativa por entidad federativa que permita conocer específicamente el desempeño actual de los estudiantes morelenses. PISA evalúa a jóvenes de 15 años y pretende determinar no solamente cuánto aprendieron en la escuela, sino su capacidad para utilizar conocimientos de lectura, matemáticas y ciencias frente a problemas de la vida cotidiana.
La ausencia de un resultado estatal resulta especialmente significativa porque Morelos sí tuvo anteriormente una radiografía propia. En PISA 2012 obtuvo 421 puntos en matemáticas, después de registrar 390 en 2003: una mejoría de 31 puntos. Incluso se encontraba ligeramente por encima del promedio nacional de 413 puntos de aquella edición. Es decir, hace poco más de una década existía una referencia internacional con la cual era posible comparar al sistema educativo morelense frente al resto del país.
La situación cambió posteriormente. En PISA 2015 participaron en Morelos únicamente seis escuelas y 132 estudiantes. El propio informe del entonces Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) documentó que la muestra nacional estuvo integrada por 275 escuelas y 7 mil 568 alumnos. Una muestra estatal de esas dimensiones ya no permitía construir el mismo tipo de clasificación representativa de las entidades que había caracterizado ejercicios anteriores.
Por eso los resultados conocidos este martes plantean una pregunta incómoda para las autoridades educativas de Morelos: ¿qué tan bien están aprendiendo realmente nuestros adolescentes? México pasó en matemáticas de 409 puntos en 2018 a 395 en 2022 y ahora a 388; en lectura pasó de 420 a 415 y finalmente a 408. Ciencias presenta una recuperación respecto de 2022, al pasar de 410 a 414, pero continúa lejos de los niveles de los sistemas educativos con mejores resultados.
El asunto trasciende las calificaciones escolares. PISA mide precisamente si un adolescente es capaz de razonar, comprender información, resolver problemas y aplicar lo aprendido, competencias que posteriormente condicionan su paso por la educación superior y su incorporación al mercado laboral. El deterioro nacional, por tanto, constituye también una advertencia para Morelos sobre la formación del capital humano que requerirá durante los próximos años.
Los resultados de 2025 deberían obligar al Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos y a la Secretaría de Educación estatal a explicar cuál es la situación real del aprendizaje en la entidad y qué instrumentos objetivos permiten medirla. No basta conocer cuántos alumnos están inscritos, cuántas becas reciben, cuántas escuelas existen o cuáles son sus promedios escolares. La pregunta de fondo es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de responder: ¿los estudiantes morelenses están aprendiendo lo que necesitan aprender?
Hace trece años PISA permitía contestar parcialmente esa pregunta y colocar a Morelos frente al espejo de las demás entidades. Hoy sabemos que México retrocedió, pero no podemos determinar con la misma precisión cuánto retrocedió —o avanzó— Morelos. Y quizá ésa sea una de las conclusiones más preocupantes de todas: cuando una política educativa carece de mediciones comparables y transparentes, resulta mucho más difícil distinguir entre avances reales y buenos discursos.
