¿Qué tiene la alcaldía de Cuernavaca que tantos suspirantes la codician?
ANÁLISIS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 8 de octubre de 2026
¿Qué tiene la presidencia municipal de Cuernavaca que despierta tantas ambiciones políticas? ¿Qué atractivo encuentran en ella quienes, desde hace meses, se mueven por colonias, mercados, reuniones vecinales y redes sociales, tratando de convencer a propios y extraños de que poseen los méritos suficientes para gobernar la capital de Morelos? La pregunta viene al caso ahora que Morena abrió formalmente su proceso para seleccionar a los coordinadores municipales de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, una antesala política de las candidaturas para 2027. Y vaya que en Cuernavaca sobran los suspirantes.
La lista es larga y todavía podría crecer. Ahí aparecen, entre otros, Víctor Mercado Salgado, Javier Bolaños Aguilar, Sergio Pérez Flores, Luis Alberto Machuca Nava, Juan Ángel Flores Bustamante, Meggie Salgado Ponce, Patricia Torres Rosales y Elia Ortiz. Algunos han expresado abiertamente sus aspiraciones; otros han participado en reuniones políticas o desplegado actividades que los colocan en el escenario sucesorio. No todos han formalizado su inscripción, pero prácticamente ninguno quiere quedarse fuera de la conversación. En política, aparecer en la fotografía suele ser el primer paso para intentar aparecer después en la boleta, aunque sea de regidor. Por cierto, cada concejal del Cabildo de nuestra capital ronda los 80 mil pesos mensuales, cifra nada despreciable.
Pero volvamos a la pregunta inicial. ¿Qué tiene Cuernavaca? Para empezar, representa uno de los mayores escaparates políticos de Morelos. Gobernar la capital significa administrar una ciudad donde confluyen los poderes públicos, los principales medios de comunicación, organizaciones empresariales, universidades, grupos sociales y buena parte de las decisiones que repercuten en toda la entidad. No es cualquier Ayuntamiento. Su presidente municipal dispone de una plataforma de exposición pública que difícilmente encuentra equivalente entre los otros municipios morelenses. Por algo, desde hace décadas, la capital es considerada la joya de la corona electoral.
Existe, desde luego, otro ingrediente que nadie debería ignorar: el poder administrativo y presupuestal. El Ayuntamiento maneja recursos públicos, contratos, obras, servicios, permisos, nombramientos y una estructura burocrática considerable. Todo ello representa enormes responsabilidades, pero también una capacidad de influencia que explica parte del atractivo del cargo. Sería ingenuo pensar que todos los interesados se mueven exclusivamente por una profunda vocación de servicio. Habrá quienes genuinamente quieran mejorar la ciudad, pero también quienes vean en la presidencia municipal una oportunidad de consolidar carreras, construir grupos políticos o ampliar espacios de poder.
Y aquí aparece una contradicción verdaderamente llamativa. Mientras tantos personajes desean gobernar Cuernavaca, la ciudad arrastra problemas que ningún alcalde ha conseguido resolver de manera definitiva. Ahí están la inseguridad, las deficiencias del suministro de agua potable, el deterioro de calles y avenidas, los conflictos de movilidad, las dificultades financieras de los servicios públicos y el crecimiento urbano desordenado. Gobernar Cuernavaca no es precisamente recibir un premio acompañado de una alfombra roja. Es asumir una responsabilidad compleja, desgastante y, muchas veces, políticamente ingrata. Sin embargo, los aspirantes se multiplican como si el cargo garantizara satisfacciones permanentes.
Hay otro aspecto que merece atención. Morena tendrá que administrar una competencia interna donde coinciden personajes con trayectorias, intereses y grupos de respaldo distintos. Las encuestas serán presentadas como el mecanismo fundamental para determinar quién encabezará el proyecto municipal, pero la experiencia política demuestra que una medición no siempre elimina las inconformidades. Quienes hoy se reúnen, sonríen y hablan de unidad podrían terminar enfrentados cuando llegue el momento de conocer los resultados. La verdadera prueba para el partido no será solamente seleccionar a una persona, sino conseguir que quienes pierdan acepten las reglas y permanezcan dentro del mismo proyecto.
Además, conviene recordar que enfrente estará el PAN, partido que actualmente gobierna Cuernavaca con José Luis Urióstegui Salgado. La elección de 2027 no se resolverá exclusivamente dentro de Morena. También dependerá de las candidaturas que presenten las demás fuerzas políticas, de las alianzas que logren concretarse y, sobre todo, de la evaluación ciudadana sobre los gobiernos y las propuestas. Por eso resulta prematuro confundir notoriedad en Facebook, reuniones multitudinarias o fotografías con dirigentes partidistas con respaldo electoral efectivo. Una cosa es hacerse visible entre los militantes y otra muy distinta convencer a una población cada vez más exigente frente a sus autoridades.
Al final, quizá la pregunta no debería ser solamente qué tiene la presidencia municipal de Cuernavaca que tantos la pretenden, sino qué tienen esos aspirantes para ofrecerle a Cuernavaca. Porque la ciudad no necesita otra colección de promesas, sonrisas de campaña y discursos sobre transformaciones que nunca terminan de llegar. Necesita respuestas concretas, capacidad administrativa, honestidad y resultados. Durante mis años de ejercicio periodístico he visto pasar innumerables aspirantes por esta misma ruta, convencidos de que poseen la fórmula para cambiar el destino de la capital. Algunos llegaron al poder; otros se quedaron en el camino. Y los problemas fundamentales siguen ahí. La alcaldía continúa despertando pasiones, pero Cuernavaca sigue esperando soluciones.
