¿QUIÉN VIGILARÁ A LOS JUECES… Y QUIÉN A LOS VIGILANTES?
LA CRÓNICA DE MORELOS
Jueves 27 de agosto de 2026
E D I T O R I A L
La propuesta del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, Juan Emilio Elizalde, de aplicar exámenes de control de confianza a jueces toca una fibra sensible: la profunda desconfianza ciudadana hacia quienes imparten justicia. Frente a resoluciones incomprensibles, sospechas de corrupción, liberaciones cuestionadas y expedientes que duermen durante años, someter a evaluación a los juzgadores parece razonable. Nadie que tenga en sus manos la libertad, el patrimonio o incluso la vida de una persona debería permanecer fuera del escrutinio institucional.
Sin embargo, el control de confianza tampoco puede presentarse como una fórmula milagrosa. Antes de aplicarlo deben responderse preguntas fundamentales: ¿quién evaluará a los jueces?, ¿con qué criterios?, ¿cómo se protegerá la información personal y qué mecanismos existirán para impugnar resultados arbitrarios? Una prueba psicológica, patrimonial o de polígrafo no demuestra por sí sola que un juzgador sea honesto, competente e independiente. Mucho menos sustituye la revisión puntual de sus sentencias, su evolución patrimonial y posibles conflictos de interés.
El mayor riesgo consiste en que esas evaluaciones terminen convertidas en instrumentos de presión, depuración selectiva o venganza política. Un juez incómodo para el gobierno, para la dirigencia del propio Tribunal o para determinados intereses económicos podría ser marcado como “no confiable” mediante procedimientos opacos. La justicia necesita controles, pero también independencia: someter a los jueces no equivale a sanear al Poder Judicial. Si el examinador depende de quienes ejercen el poder, el remedio puede resultar tan peligroso como la enfermedad.
La propuesta de Elizalde merece discutirse, pero con reglas públicas, evaluadores autónomos, derecho de defensa y resultados verificables. Además, el escrutinio no debería detenerse en los jueces: también tendría que alcanzar a magistrados, consejeros y altos funcionarios judiciales, comenzando por sus patrimonios, viajes, ausencias y desempeño. Porque limpiar la justicia desde abajo, dejando intacta la cúpula, solamente produciría una simulación más. Y de esas, en el Poder Judicial de Morelos, la sociedad ya está cansada.
