Rectoría de la UAEM: la burocracia que protege a los depredadores y alimenta el paro indefinido
En la reunión de este miércoles en el Seminario Mayor de Ocotepec, la rectora Viridiana León Hernández y su equipo se vieron confrontados cara a cara con la cruda realidad que Resistencia Estudiantil UAEM lleva meses denunciando: el Campus Chamilpa sigue tomado y las instalaciones universitarias en paro porque la Rectoría ha convertido la impunidad en política institucional. Mientras los estudiantes exigen justicia real, la máxima autoridad de la UAEM se refugia en un discurso vacío que ya nadie cree.
Las denuncias fueron contundentes y demoledoras: la llamada Procuraduría de los Derechos Académicos y la Unidad de Género operan como verdaderos cementerios de expedientes. Cientos de carpetas por acoso escolar y acoso sexual permanecen congeladas bajo un burocratismo deliberado que parece diseñado para agotar a las víctimas y proteger a los agresores. No es ineficiencia; es un mecanismo perverso que la Rectoría tolera y, peor aún, reproduce.
Peor todavía resulta el contubernio denunciado entre directivos de unidades académicas y el sindicato SITAUAEM. Los mismos funcionarios que deberían garantizar la integridad académica actúan como escudo de los “depredadores”, impidiendo que las investigaciones avancen y que las sanciones se apliquen. La Rectoría no solo lo sabe: lo permite. Esa complicidad activa es la que mantiene en vilo a toda la comunidad universitaria y la que ha convertido el conflicto en un polvorín sin fecha de explosión.
Lo más indignante es que estas instancias, creadas supuestamente para defender a la comunidad, no son más que adornos declarativos. Sus facultades terminan en “recomendaciones” que nadie está obligado a cumplir. Recomendaciones que los agresores y sus protectores sindicales se pasan por el arco del triunfo. La Rectoría presume de tener protocolos y oficinas, pero en los hechos ha construido un sistema de impunidad blindada por el papeleo y la complicidad.
Mientras los estudiantes mantienen las instalaciones tomadas exigiendo soluciones concretas, la rectora Viridiana León Hernández y su equipo siguen apostando por la dilación y la simulación. Semanas de paro, millones de pesos en pérdidas y una generación de jóvenes secuestrada por la inacción deliberada de quien debería ser la primera en garantizar un campus libre de violencia y acoso. Esa es la herencia que está dejando esta Rectoría.
La señal es clara y no admite eufemismos: mientras la Rectoría no desmantele la burocracia que protege a los acosadores, mientras no rompa el pacto de impunidad con el SITAUAEM y mientras no otorgue a sus instancias reales poder sancionador y vinculante, el conflicto no tendrá solución. La toma de la UAEM no es capricho estudiantil; es la respuesta lógica a una autoridad que ha decidido mirar hacia otro lado mientras los depredadores caminan impunes por los pasillos de Chamilpa. El tiempo de las palabras se agotó. Ahora solo queda exigir resultados o seguir pagando el precio de la inoperancia.
