UAEM al borde del abismo: la Resistencia Estudiantil endurece el paro y pone en jaque el regreso a clases el lunes 13 de abril
El conflicto que mantiene paralizada a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) desde el 2 de marzo entró en una fase crítica y de alto riesgo. Lo que comenzó como una legítima protesta estudiantil tras los feminicidios de dos jóvenes universitarias —Kimberly Joselyn Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez— se convirtió en un pulso de poder donde un sector de la llamada Resistencia Estudiantil parece decidido a mantener la iniciativa, incluso a costa de poner en serio peligro el semestre académico de más de 40 mil estudiantes.
Este viernes, integrantes de la Resistencia de la Facultad de Enfermería anunciaron que no regresarán a clases el lunes 13 de abril, fecha que la Rectoría había propuesto —y que en algún momento fue aceptada en mesas de diálogo— para retomar actividades de manera escalonada o presencial, con la posibilidad de extender el semestre hasta el 19 de junio.
La razón inmediata: acusaciones contra la directora de la facultad, Beatriz Lizbeth Rodríguez Bahena, a quien señalan de intimidación, hostigamiento y represalias contra quienes mantienen el paro. Según las estudiantes, la funcionaria habría presionado a docentes para aplicar exámenes y promover “clases opcionales”, acciones que, a su juicio, violan la Carta de Garantías de No Represalias firmada con la Rectoría.
“Estas acciones no abonan al trabajo realizado”, señalaron las manifestantes, aunque insistieron en que no están cerradas a las mesas de diálogo… siempre y cuando se cumplan sus condiciones, que ahora incluyen la salida de la directora.
Un episodio similar ocurrió días atrás en la Facultad de Nutrición, donde denunciaron un intento de ingreso de personal administrativo y elementos de seguridad para instalar cámaras, lo que llevó a suspender temporalmente las negociaciones.
Un nuevo frente: estudiantes hartos del paro
Mientras la Resistencia endurece su postura, surge un contramovimiento. A través de redes sociales, el recién surgido Movimiento por la Educación y la Seguridad Universitaria convocó a “recuperar las instalaciones” el lunes a las 9:00 horas. Afirman que la Resistencia no los representa y que el prolongado paro está poniendo en riesgo becas, avance académico y el propio semestre.
Aunque es poco probable que esta convocatoria derive en un enfrentamiento físico —nadie gana con una escalada violenta—, sí refleja el creciente hartazgo de un sector importante del alumnado que se siente secuestrado por una minoría movilizada y organizada. Definitivo: la Resistencia Estudiantil es minoritaria frente a una comunidad universitaria integrada por alrededor de 44 mil personas.
La asimetría del poder
La rectora Viridiana Aydeé León Hernández ha optado, hasta ahora, por una estrategia de diálogo abierto, paciencia y concesiones. Se firmó la carta de garantías, se reconoció la legitimidad del movimiento, se presentó un Plan Integral de Seguridad Universitaria en coordinación con el gobierno del estado y se propuso un calendario de recuperación académica.
Sin embargo, cada paso de la Rectoría parece encontrar un nuevo obstáculo o pretexto por parte de la Resistencia: primero fue la insuficiencia del plan de seguridad, luego incidentes en Nutrición y ahora el caso de Enfermería. El resultado es claro: los estudiantes en paro mantienen el control efectivo de las instalaciones y, por ende, del calendario académico. Sus acciones se asemejan a las antiguas maniobras “trotskistas”: a una petición, le va una solución: pero aparece otra petición, y viene su solución. Cuando no se ha resuelto la segunda, viene la tercera, luego la cuarta, y así sucesivamente hasta llegar al enfrentamiento. Son los típicos procedimientos antiinstitucionales o antigobiernistas, hoy y siempre.
Como señaló un observador cercano al tema, “ellos son quienes mandan en la UAEM”. La fecha del 13 de abril no fue impuesta por los paristas; fue una propuesta de Rectoría que ahora rechazan. Cada nueva exigencia —incluyendo destituciones de directivos— erosiona la autoridad institucional y pone a la rectora y su equipo en una posición cada vez más delicada.
El fondo y el riesgo
Nadie puede negar la legitimidad de las demandas centrales: la universidad enfrenta un grave problema de violencia de género y delincuencia que exige medidas reales de prevención, alumbrado, videovigilancia efectiva, protocolos serios y una cultura de respeto. Ignorar eso sería irresponsable.
Pero cuando la protesta se transforma en un mecanismo permanente de presión, cuando cada incidente se convierte en nuevo pretexto para mantener las instalaciones tomadas y cuando se exige “cabezas” como condición sine qua non, se cruza una línea peligrosa. La universidad pública no puede funcionar como rehén indefinido de un grupo, por más justas que sean sus banderas iniciales.
El riesgo es doble: por un lado, la pérdida del semestre para miles de estudiantes que nada tienen que ver con las tomas; por otro, el desgaste de la propia Resistencia, cada día con menor apoyo al percibirse que prioriza el control sobre la solución.
Este lunes 13 de abril será un termómetro clave. Sin choque físico probable, sí habrá más tensión, más comunicados y más presión mediática. La Rectoría deberá decidir si sigue apostando todo al diálogo ilimitado o si establece límites claros sin violar los acuerdos. La Resistencia, por su parte, enfrenta la disyuntiva entre radicalizarse o buscar una salida digna que permita avanzar en seguridad sin destruir el año académico.
La UAEM está de rodillas. La pregunta es si alguien está dispuesto a levantarla antes de que sea demasiado tarde.
