URIÓSTEGUI Y PABLO NIVARDO: ¿LO CORRE O LO SIGUE HUMILLANDO?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 21 de octubre de 2026
Algo extraño está ocurriendo entre el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, y el titular de la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SEPRAC), Pablo Nivardo Aguilera Casados. Pareciera que el presidente municipal disfruta manteniendo a su jefe policiaco en la cuerda floja, anunciando evaluaciones, deslizando posibles destituciones y prolongando una incertidumbre que comienza a parecer un juego de desgaste político. Primero fueron dos semanas para revisar resultados; ahora resulta que el funcionario estará bajo observación hasta diciembre. Como decía aquel personaje de Los Polivoces: “Te traigo finto, te traigo finto”. Nada más que aquí no estamos frente a una rutina cómica, sino ante la conducción de la seguridad pública de la capital morelense.
Desde luego, Urióstegui tiene todo el derecho, y sobre todo la obligación, de evaluar a sus colaboradores. Si los resultados no satisfacen las expectativas, puede promover los relevos correspondientes. Pero una cosa es ejercer la autoridad y otra muy distinta mantener públicamente contra las cuerdas a un subordinado, particularmente cuando se trata del responsable de una corporación policiaca. ¿Qué autoridad puede ejercer Pablo Nivardo sobre sus comandantes y agentes cuando el propio presidente municipal se encarga de recordarles, periódicamente, que su jefe podría tener los días contados? La disciplina policial requiere mandos firmes, no funcionarios que deban consultar cada mañana si todavía gozan de la confianza de su superior.
Aquí también surge una cuestión de dignidad profesional. Un jefe policiaco con experiencia, trayectoria y carácter difícilmente aceptaría que su permanencia se convirtiera en una especie de espectáculo de suspenso administrativo. No hablamos de renunciar ante la primera crítica, porque quien ocupa una responsabilidad pública debe rendir cuentas y soportar cuestionamientos. Hablamos de establecer un límite frente al desgaste de su investidura. Si Aguilera Casados considera que está cumpliendo con su trabajo, debería exigir claridad y respaldo institucional; si estima que ya no cuenta con la confianza indispensable para dirigir la SEPRAC, tendría razones suficientes para presentar su renuncia. Permanecer indefinidamente bajo advertencias tampoco contribuye a fortalecer su liderazgo.
Lo más delicado es que, mientras Urióstegui juega al “te vas, pero todavía no”, Cuernavaca continúa enfrentando problemas de inseguridad que reclaman decisiones, coordinación y resultados verificables. El alcalde debería entender que las evaluaciones no sustituyen a las decisiones y que la autoridad de un secretario de Seguridad también depende del respaldo que recibe de quien lo designó. Si Pablo Nivardo no funciona, que se proceda conforme a la ley y se busque un sustituto capaz; si funciona, que lo dejen trabajar y le exijan cuentas. Pero prolongar esta comedia de amenazas veladas solamente deteriora la conducción institucional de la policía. Porque, a estas alturas, uno comienza a preguntarse quién está quedando peor: el jefe policiaco que soporta los desplantes o el alcalde que parece incapaz de resolver si lo quiere dentro o fuera de su administración.
