¿Vivir del Bienestar? Una familia puede superar los 25 mil pesos al mes
La expansión de los programas sociales del gobierno federal ha creado una realidad poco explorada: en un mismo hogar pueden coincidir varios beneficiarios y, bajo determinadas circunstancias, la suma de pensiones, becas y apoyos puede superar el equivalente de 25 mil pesos mensuales. No se trata necesariamente de irregularidades ni de personas que cobren indebidamente. Las propias reglas permiten que diferentes integrantes de una familia accedan a distintos programas cuando cumplen los requisitos establecidos.
Las cifras oficiales de 2026 permiten hacer el ejercicio. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores entrega 6 mil 400 pesos bimestrales, equivalentes a 3 mil 200 mensuales. La Pensión para Personas con Discapacidad alcanza 3 mil 300 pesos bimestrales; Mujeres Bienestar, 3 mil 100; mientras Jóvenes Construyendo el Futuro otorga 9 mil 582 pesos con 47 centavos mensuales a cada participante durante un periodo máximo de 12 meses.
A esos programas pueden añadirse, dependiendo de las características de cada hogar, Sembrando Vida, Jóvenes Escribiendo el Futuro, las becas Benito Juárez, Rita Cetina y el Programa para el Bienestar de Niñas y Niños Hijos de Madres Trabajadoras, entre otros. No todos son compatibles para una misma persona, pero diferentes integrantes de una familia pueden ser beneficiarios simultáneamente.
UNA FAMILIA DE CUATRO SUPERA LOS 25 MIL
Un ejemplo permite dimensionar el fenómeno. Supóngase una familia morelense integrada por dos adultos mayores de 65 años y dos jóvenes de 22 y 25 años incorporados legalmente a Jóvenes Construyendo el Futuro.
Los dos adultos mayores representarían conjuntamente un ingreso equivalente a 6 mil 400 pesos mensuales por sus pensiones. Los dos jóvenes recibirían 9 mil 582.47 pesos cada uno.
La suma alcanza 25 mil 564 pesos con 94 centavos mensuales.
En un año, si los cuatro beneficios coincidieran durante los doce meses, ese hogar recibiría aproximadamente 306 mil 779 pesos provenientes de transferencias federales.
El ejemplo no requiere discapacidad, niños becados, madres trabajadoras ni otros programas. Tampoco supone que alguien cobre dos apoyos incompatibles. Simplemente concentra en una vivienda a cuatro personas que reúnen individualmente las condiciones para recibirlos.
NO ES DINERO A CAMBIO DE NO HACER NADA
Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre recibir una transferencia gubernamental y “cobrar por no trabajar”.
Jóvenes Construyendo el Futuro está dirigido a personas de entre 18 y 29 años que al momento de incorporarse no estudian ni trabajan, pero exige su participación en actividades de capacitación dentro de un centro de trabajo. Los beneficiarios tienen obligaciones y pueden ser dados de baja cuando incumplen las reglas.
Algo semejante ocurre con Sembrando Vida, cuyo apoyo económico está relacionado con actividades productivas rurales. Las becas educativas, por su parte, están condicionadas a la permanencia de los estudiantes dentro del sistema educativo.
Por ello, afirmar que una familia recibe 25 mil pesos mensuales “por no hacer nada” sería incorrecto. Lo que sí puede demostrarse es que determinados hogares pueden superar esa cantidad mediante la acumulación legal de transferencias recibidas por distintos integrantes.
HAY MÁS COMBINACIONES POSIBLES
Una segunda familia hipotética permite observarlo desde otra perspectiva. Dos adultos mayores aportarían el equivalente mensual de 6 mil 400 pesos; un joven incorporado a Jóvenes Construyendo el Futuro recibiría 9 mil 582.47; otro integrante incorporado a Sembrando Vida, 6 mil 450, y un estudiante universitario beneficiario de Jóvenes Escribiendo el Futuro podría recibir el equivalente a 2 mil 900 pesos durante los meses cubiertos por la beca.
La suma sería de aproximadamente 25 mil 332 pesos mensuales durante los meses en que coincidan esos pagos.
Podrían existir hogares todavía más numerosos donde además haya estudiantes de secundaria, preparatoria o primaria beneficiarios de programas educativos. Esto no significa que semejantes combinaciones sean representativas del hogar mexicano promedio. Precisamente ahí aparece uno de los grandes vacíos de información.
LA PREGUNTA DE LOS 25 MIL
La interrogante inicial, entonces, tiene una respuesta: sí es posible que una familia supere los 25 mil pesos mensuales provenientes de programas federales.
Pero una cosa muy diferente es establecer cuántas familias se encuentran realmente en esa situación.
Conocer únicamente el número individual de beneficiarios de cada programa no permite dimensionar completamente el fenómeno. Para hacerlo sería necesario identificar cuántos apoyos gubernamentales convergen dentro de un mismo hogar: cuántas familias reciben uno, dos, tres, cuatro o más programas y qué porcentaje representan esas transferencias respecto de sus demás ingresos.
La cuestión adquiere particular relevancia en estados como Morelos, donde una proporción importante de trabajadores permanece en la informalidad y miles de empleos ofrecen remuneraciones considerablemente inferiores al ingreso que podría acumular una familia con varios beneficiarios.
¿LOS APOYOS DESINCENTIVAN EL EMPLEO?
Aquí comienza una discusión mucho más compleja.
Que un hogar reciba 20 mil, 25 mil o incluso una cantidad superior en transferencias públicas no demuestra automáticamente que sus integrantes hayan decidido abandonar el trabajo por los programas sociales. Establecer esa relación requiere evidencia estadística y estudios sobre comportamiento laboral.
Sin embargo, la pregunta resulta legítima desde el punto de vista de la política pública: ¿qué ocurre cuando las transferencias acumuladas dentro de una familia se aproximan o superan los ingresos que algunos de sus integrantes podrían obtener mediante empleos disponibles en su comunidad?
La respuesta no debería buscarse desde posiciones partidistas. Los programas sociales pueden reducir pobreza, evitar que un estudiante abandone la escuela, proporcionar seguridad económica a los adultos mayores o facilitar capacitación laboral. Pero también deben ser evaluados para conocer posibles efectos no previstos.
EL DINERO NO PERTENECE A NINGÚN PARTIDO
Existe además una dimensión política. Los programas del Bienestar constituyen actualmente una de las mayores redes de transferencias directas en la historia reciente de México y alcanzan a millones de ciudadanos.
Precisamente por ello debe mantenerse una separación absoluta entre política social y promoción electoral.
Los recursos depositados en las tarjetas del Bienestar no pertenecen a Morena, a la presidenta Claudia Sheinbaum ni a ningún gobernador, alcalde, diputado o funcionario. Son recursos públicos. Ningún beneficiario adquiere una deuda electoral por recibirlos.
El desafío tampoco consiste simplemente en reducir o aumentar las transferencias. Una política social debe responder una pregunta más exigente: ¿qué resultados produce el dinero público que distribuye?
No basta contabilizar tarjetas, becarios o pensionados. Debe conocerse si los programas reducen pobreza de manera sostenible, evitan deserción escolar, generan capacidades productivas, facilitan la incorporación al empleo y mejoran efectivamente las condiciones de vida.
Los números de 2026 permiten comprobar que una familia puede superar los 25 mil pesos mensuales mediante la coincidencia legal de diferentes programas. Lo que los números, por sí solos, no permiten afirmar es que esas familias hayan dejado de trabajar debido a los apoyos.
Ahí se encuentra la investigación pendiente: saber cuántos hogares concentran múltiples programas, cuánto reciben en conjunto y qué efecto tiene ese ingreso sobre sus decisiones laborales.
Porque una transferencia puede resolver una necesidad inmediata. El éxito de una política social se mide también por algo mucho más difícil: que contribuya a crear las condiciones para que las nuevas generaciones puedan prosperar por sus propios medios y no dependan permanentemente del gobierno.
