Ya agarraron de chunga a Sinaloa: el caso de Rubén Rocha Moya amenaza gravemente la gobernabilidad
CULIACÁN, Sin.— Sinaloa vivió este fin de semana uno de los episodios políticos más desconcertantes de los últimos años. El viernes 21 de agosto, Rubén Rocha Moya anunció sorpresivamente que retomaba la gubernatura después de permanecer más de tres meses con licencia, separación que ocurrió en medio de graves acusaciones formuladas en Estados Unidos por presuntos vínculos con integrantes del Cártel de Sinaloa. Rocha reapareció asegurando que regresaba “con la frente limpia y en alto”, pero su retorno, lejos de cerrar la crisis, abrió otra todavía mayor: la incertidumbre sobre quién gobierna realmente una entidad golpeada desde hace tiempo por la violencia del crimen organizado.
La reacción desde el centro político del país fue prácticamente inmediata. La presidenta Claudia Sheinbaum reveló que ni siquiera había sido informada previamente del regreso del mandatario y que se enteró mediante la publicación de Rocha en redes sociales. Después lanzó un mensaje particularmente severo: ningún interés personal puede colocarse por encima del pueblo y de la Nación y “el poder sin principios se vuelve arrogancia”. Morena y gobernadores del propio movimiento también marcaron distancia, dejando a Rocha prácticamente aislado dentro de su propio partido. Lo que inicialmente pretendió presentarse como una recuperación de autoridad terminó convertido en una demostración pública de debilitamiento político.
El desenlace llegó apenas unas horas después. La tarde del sábado 22, aproximadamente 34 horas después de haber reasumido el gobierno, Rocha Moya volvió a solicitar licencia por tiempo indefinido. En el documento enviado al Congreso sinaloense no estableció fecha para regresar, mientras el Poder Legislativo fue convocado a sesión extraordinaria este domingo 23 de agosto para resolver la petición y definir nuevamente quién quedará al frente del Ejecutivo estatal. En menos de dos días Sinaloa pasó del regreso de su gobernador constitucional a enfrentar otra vez un proceso de sustitución en Palacio de Gobierno.
El problema ya rebasa, por tanto, el destino personal de Rubén Rocha Moya. Ya agarraron de chunga a Sinaloa. Una entidad que enfrenta desde hace tiempo una severa crisis de seguridad no puede permitirse que también se vuelva incierta la conducción política del gobierno.
El episodio del fin de semana proyecta improvisación, fracturas dentro de Morena y un gobernador cuya capacidad para ejercer plenamente el poder quedó seriamente cuestionada, mientras las acusaciones procedentes de Estados Unidos continúan abiertas.
La nueva licencia podrá resolver provisionalmente quién ocupa el despacho del gobernador, pero difícilmente resolverá el problema fundamental: Sinaloa necesita recuperar autoridad, certidumbre institucional y gobernabilidad antes de que la crisis política termine alimentando todavía más la crisis de seguridad.
