EN BUSCA DE KIMBERLY: ENTRE LA ANGUSTIA FAMILIAR Y LA PRESIÓN UNIVERSITARIA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 2 de marzo de 2026
La desaparición de Kimberly Joselin Ramos Beltrán, una joven estudiante de 18 años de la Facultad de Contaduría en la UAEM, ha conmocionado a Morelos desde el 20 de febrero. Su familia vive un calvario inimaginable, con la incertidumbre de no saber dónde está su hija, hermana o sobrina, y el dolor se multiplica cada día que pasa sin noticias. Es imposible no solidarizarse con ellos: padres que revisan cada pista, tíos que claman en marchas por su regreso, y una comunidad que se une en oraciones y búsquedas. En estos momentos, la empatía debe ser nuestra guía, recordando que detrás de cada ficha de Alerta Amber hay una historia humana llena de esperanza y temor.
El avance más reciente, al 1 de marzo de 2026, es la detención de Jared Alejandro “N”, un estudiante también de la UAEM y parte del círculo cercano de Kimberly, por su presunta participación en el delito de desaparición cometida por particulares. Ayer le fue dictada la prisión preventiva en espera a su eventual vinculación a proceso. Esta captura, cumplimentada por la Agencia de Investigación Criminal apenas una semana después de la denuncia, representa un paso concreto en la investigación.
Fuentes oficiales indican que no hay registro de que Kimberly haya ingresado al campus Chamilpa ese día, aunque testimonios familiares sugieren lo contrario, lo que añade complejidad al caso. Sin embargo, la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada ha recabado indicios suficientes para actuar, y las búsquedas continúan en zonas boscosas aledañas, con apoyo interinstitucional.
La Fiscalía General del Estado de Morelos enfrenta una doble presión: por un lado, la urgencia de resolver el caso para devolver a Kimberly a su hogar; por el otro, las demandas de una porción de la comunidad universitaria de la UAEM, que ha salido a las calles exigiendo celeridad y transparencia. Es comprensible esta indignación juvenil, alimentada por el miedo a la inseguridad en entornos que deberían ser seguros como el campus. Por cierto, una marcha programada para hoy desde la UAEM hasta el Zócalo de Cuernavaca fue cancelada a petición de los familiares de la joven. Anoche se desarrolló una reunión encabezada por la gobernadora Margarita González Saravia y la rectora de la UAEM, Viridiana León Hernández, con familiares de Kimberly. Estuvieron presentes autoridades estatales, entre ellas el titular de la Fiscalía General de Morelos, Fernando Blumenkron Escobar. Indudablemente que ahí se comentaron ciertos detalles de las indagatorias.
Pero también hay que reconocer el trabajo de la Fiscalía, la cual, en medio de críticas, ha mantenido comunicación con la familia y coordinado operativos con autoridades municipales, estatales y federales. No es fácil equilibrar la rapidez con la solidez jurídica, especialmente en un contexto donde cada error podría costar vidas.
A pesar de la detención, la prioridad absoluta sigue siendo localizar a Kimberly con vida, y hay indicios de que el caso podría involucrar a más personas del entorno estudiantil.
Esta reflexión nos invita a pensar en la vulnerabilidad de los jóvenes en espacios educativos, donde las relaciones cercanas pueden ocultar peligros inesperados.
La solidaridad con la familia implica no solo compartir su dolor, sino apoyar institucionalmente los esfuerzos de búsqueda, evitando especulaciones que entorpezcan la labor investigativa. La mezquindad no tiene cabida en estas circunstancias.
Finalmente, en esta columna, llamamos a la unidad: que la presión universitaria se transforme en colaboración, que la Fiscalía redoble esfuerzos sin ceder a prisas imprudentes, y que todos mantengamos la fe en el regreso de Kimberly. Morelos ha visto casos resueltos gracias a la perseverancia colectiva; ojalá este sea uno más, donde la justicia y la compasión prevalezcan sobre la desesperanza. Y atención: este trance no debe ser politizado, como ya lo pretenden ciertos actores acostumbrados a actuar como el gallego: nomás por joder.
