La esperanza de los constructores: ¿se extingue antes de tiempo frente a la captura de contratos federales?
Los mexicanos siempre mantenemos viva la esperanza. Aplicamos casi sin excepción el refrán “la esperanza muere al último”. Pero en el caso de los constructores, especialmente los medianos y locales, esa esperanza parece tropezar con una pared conocida: la mayoría de los contratos de obra pública auspiciados por el gobierno federal terminan en manos de empresas vinculadas a políticos y funcionarios de alto nivel de la 4T o directamente en el ámbito del Ejército Mexicano.
Este martes, el presidente de la CMIC Morelos, Abelardo García, informó que dependencias federales como la SICT, CAPUFE y la CFE ya comenzaron a publicar convocatorias de obra y servicios. Según sus declaraciones, el sector espera que estos proyectos impulsen la participación de las empresas locales y reactiven la actividad de la construcción en Morelos.
El líder empresarial supone —y así lo transmitió— que esta apertura permitirá que los constructores morelenses accedan a una porción significativa de los recursos y que, por fin, se reactive un sector que ha sufrido años de estancamiento.
La suposición es comprensible. Nadie niega que publicar convocatorias es un paso formalmente correcto. El problema radica en que, en la práctica, ese mecanismo ha demostrado ser insuficiente para romper la lógica de captura que domina la obra pública federal desde hace varios años.
La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha asumido un rol sin precedentes en la ejecución de obras civiles: aeropuertos, tramos del Tren Maya, bancos del Bienestar, hospitales y más. En muchos casos se recurre a convenios de colaboración, adjudicaciones directas o subcontrataciones que generan opacidad y dificultan la competencia real de empresas privadas independientes.
Esta tendencia no es exclusiva del actual gobierno, pero se ha profundizado notablemente. Políticos y grupos empresariales cercanos al poder de la 4T también han concentrado adjudicaciones millonarias en distintas entidades. Mientras tanto, las constructoras locales —las que generan empleo directo en los estados, pagan impuestos locales y mueven la economía regional— quedan muchas veces como meros espectadores o, en el mejor de los casos, como subcontratistas de segundo o tercer nivel con márgenes muy reducidos.
Abelardo García tiene razón al señalar que hay convocatorias en puerta y que el sector necesita reactivación. Su supuesto de que las empresas locales podrán participar de manera relevante es, sin embargo, una esperanza que choca con la evidencia acumulada. La historia reciente muestra que, incluso cuando se publican licitaciones, los procesos suelen estar diseñados —o terminan siendo— favorables a los mismos actores de siempre.
Mientras no haya cambios estructurales profundos en la forma de adjudicar obra pública (mayor competencia real, eliminación de opacidades militares en licitaciones civiles y sanciones efectivas a favoritismos), las declaraciones optimistas de líderes empresariales como García seguirán siendo, más que un anuncio de oportunidades, un ejercicio de esperanza que, para muchos constructores, muere antes de llegar al último suspiro.
La pregunta que queda flotando es incómoda pero necesaria: ¿esta vez será distinto… o solo otra ronda de convocatorias que terminarán, como las anteriores, concentradas en los mismos círculos de poder?
🏗️📈 Se abren nuevas oportunidades para las constructoras de Morelos.
— Diario de Morelos (@DiariodeMorelos) June 17, 2026
El presidente de la CMIC Morelos, Abelardo García, informó que dependencias federales como la SICT, Capufe y la CFE ya comenzaron a publicar convocatorias de obra y servicios a través de la plataforma Compras… pic.twitter.com/KuHewiwyGH
