FENTANILO EN LAS AULAS DE MORELOS: LA BOMBA DE TIEMPO QUE YA ESTÁ DETONANDO
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 17 de junio de 2026
El consumo de fentanilo en las escuelas de Morelos ya no es una advertencia lejana ni un problema exclusivo de grandes ciudades. Es una realidad que está infiltrándose en patios, baños y grupos de WhatsApp de adolescentes y hasta niños. La secretaria de Educación del estado de Morelos, Karla Aline Herrera Alonso, confirmó la detección de algunos casos de consumo de fentanilo entre estudiantes de nivel medio superior, así como problemas de alcohol y tabaco en planteles de secundaria.
Esta sustancia, cincuenta veces más potente que la heroína, convierte un experimento de “una sola vez” en una ruleta rusa mortal. Lo más grave es que no se trata solo de adicción: se trata de muertes silenciosas que muchas veces se confunden con paros cardiacos o sobredosis accidentales. Mientras las autoridades emiten comunicados y los padres confían en que “a mi hijo no le pasa”, el veneno ya circula entre cuadernos y celulares. Ignorar esta gravedad es, simple y llanamente, complicidad con la tragedia.
Las consecuencias van mucho más allá de las estadísticas frías. Cada joven que cae en el fentanilo es un futuro truncado, una familia destrozada y una sociedad que se desangra. En Morelos, donde el tejido social ya enfrenta violencia, pobreza y deserción escolar, esta droga está acelerando el colapso. Los niños y adolescentes no solo pierden su salud física y mental; pierden la capacidad de soñar, de estudiar, de construir. Estamos criando una generación de huérfanos vivos y de padres que entierran a sus hijos antes de tiempo. La escuela, que debería ser el espacio más seguro, se ha convertido en el mercado perfecto para los narcomenudistas porque saben que ahí encuentran vulnerabilidad, curiosidad y poca supervisión.
Es hora de dejar la tibieza. Exigimos políticas de cero tolerancia, detección temprana con tecnología y recursos reales, capacitación obligatoria para docentes y directivos, y un frente común entre familias, escuelas y gobierno. No podemos seguir reaccionando solo cuando ya hay muertos. El fentanilo no negocia ni espera. Si Morelos no actúa con la urgencia que esta emergencia exige, dentro de poco no estaremos escribiendo columnas de opinión, sino listas de nombres que nunca deberían haber existido. La gravedad del problema no da para más dilaciones: o lo enfrentamos ahora, o aceptamos que decidimos sacrificar a nuestra niñez y juventud en el altar de la indiferencia.
