DE VUELTA A LA CRUDA REALIDAD: EL LUNES QUE NUNCA CAMBIÓ
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 20 de julio de 2026
Este lunes, tras el cierre épico del Mundial de Futbol 2026 con la victoria de España ante Argentina, México despierta sin la euforia que por unas semanas pintó de verde las calles. La Selección Nacional ya había regresado a casa días atrás, recordándonos una vez más la brecha que separa nuestro fútbol de las potencias mundiales. La fanaticada, que vivió el sueño colectivo, regresa ahora al día a día sin distracciones. La realidad, implacable, vuelve a imponerse con toda su crudeza.
Nada ha cambiado para bien. Los bolsillos siguen más delgados, las calles más peligrosas y los asaltos a mano armada continúan siendo parte del paisaje cotidiano. La Liga MX ha retomado su ritmo habitual, pero fuera de las canchas persiste la misma inseguridad que nunca se tomó vacaciones.
Este regreso a la “normalidad” no trae alivio; al contrario, reafirma que el breve paréntesis futbolero solo sirvió para posponer, no para resolver, los problemas estructurales que nos agobian.
La demagogia populista retoma su protagonismo en los discursos políticos, mientras las élites siguen enzarzadas en sus conflictos internos. Más hechos violentos ocupan las portadas de los medios y las tendencias de las redes sociales. La ferocidad en las avenidas, el caos vehicular, las protestas interminables y los vehículos varados se convierten nuevamente en el pan de cada día. Lo que el Mundial disfrazó de fiesta nacional vuelve a mostrarse sin maquillaje: un país que avanza a trompicones entre promesas y frustraciones.
Cierres de negocios, contracción del empleo formal y el inevitable crecimiento del informal completan el panorama. La “normalidad” mexicana de este lunes no es sinónimo de progreso, sino de resignación ante un ciclo que se repite. Mientras el mundo entero retoma sus rutinas post-Mundial, en México la vuelta a la realidad duele especialmente porque confirma que, más allá del balón, muy poco se movió en la dirección correcta.
Al final, el fútbol nos unió por un rato, pero no nos salvó. Este lunes, como tantos otros, nos recuerda que la verdadera cancha está en las calles, en la economía y en las instituciones. Y en esa cancha, lamentablemente, el marcador sigue sin favorecernos. La realidad no espera a que termine el torneo: siempre estuvo ahí, implacable, esperando el pitazo final.
