MORELOS: CUANDO LAS CIFRAS BAJAN PERO LA SANGRE SIGUE CORRIENDO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Miércoles 29 de julio de 2026
E D I T O R I A L
El martes 28 de julio de 2026 Morelos amaneció y anocheció con al menos seis homicidios en distintos municipios (hasta las 20:00 horas). Una mujer asesinada en Cuernavaca, hombres ejecutados a balazos o con arma blanca en Cuautla, Amacuzac, Jojutla, Jiutepec y nuevamente en la capital. No se trata de un hecho aislado. Es la expresión concreta de un clima de violencia que, pese a las mejoras estadísticas, se niega a desaparecer.
Las autoridades federales y estatales destacan con razón que el promedio diario de homicidios dolosos se redujo 54 por ciento entre septiembre de 2024 y junio de 2026, al pasar de 3.5 a 1.6 casos. El Plan Morelos y la coordinación con el Gabinete de Seguridad han permitido más de dos mil detenciones por delitos de alto impacto, el aseguramiento de armas y drogas, y el desmantelamiento de laboratorios clandestinos. Junio de 2026 registró el nivel más bajo de homicidios para ese mes desde 2019. Estos datos no deben ignorarse: demuestran que la estrategia de contención produce resultados medibles.
Sin embargo, los números promedio ocultan la realidad cotidiana de las disputas criminales. Según la Fiscalía General de la República, al menos dieciséis organizaciones se pelean el control territorial del estado. El Cártel de Sinaloa y sus aliados locales, entre ellos el grupo conocido como La Empresa, compiten con células del Cártel Jalisco Nueva Generación, Guerreros Unidos y diversas bandas regionales.
Morelos es un corredor estratégico entre Guerrero, el Estado de México, la Ciudad de México y Puebla. Quien controla sus plazas controla rutas de narcomenudeo, producción de metanfetaminas y, sobre todo, el cobro de piso a comerciantes y transportistas. La extorsión se convirtió en una de las actividades más rentables y más denunciadas, incluso mientras otros delitos de alto impacto muestran descensos.
A esta disputa se suma un elemento que agrava todo: la infiltración de autoridades municipales. Investigaciones federales han documentado vínculos entre funcionarios locales y grupos criminales, incluyendo detenciones de alcaldes y exalcaldes. Cuando el crimen organizado logra penetrar los ayuntamientos, la capacidad del Estado para responder se debilita desde adentro y la impunidad se vuelve selectiva. Los picos de violencia, como el de este martes, no son accidentes: son el resultado de una competencia por recursos ilegales en un territorio donde las instituciones locales aún no logran imponerse de manera consistente.
Existen también factores estructurales que no pueden soslayarse. La pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades facilitan el reclutamiento de jóvenes. La disponibilidad de armas y la cultura de la violencia de género contribuyen a que los conflictos se resuelvan con sangre. Ninguna de estas causas es exclusiva de Morelos, pero en un estado pequeño y densamente conectado con las principales rutas del país, su efecto se multiplica.
La reducción del promedio de homicidios es un avance real y necesario. Sin embargo, mientras las organizaciones criminales sigan disputándose el territorio, mientras la extorsión continúe siendo un negocio atractivo y mientras persistan los vínculos entre poder local y delincuencia, las jornadas de múltiples asesinatos seguirán ocurriendo.
El reto no es solo bajar las cifras, sino desarticular de raíz las economías ilícitas y reconstruir la confianza en las instituciones. De lo contrario, Morelos seguirá viviendo entre el alivio de las estadísticas y el horror de las noticias diarias.
