Límites de la contención: el relevo en Seguridad, los patrullajes federales y la respuesta reactiva en Morelos
El nombramiento del general José Luis Bucio Quiroz al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Morelos en abril de 2026 coincidió con una reducción más clara del promedio diario de homicidios, lo que pudo haber aportado mayor coordinación y disciplina operativa; sin embargo, ese cambio, al igual que los patrullajes esporádicos de la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa, y la llegada de estas fuerzas después de los hechos solo para resguardar perímetros ya establecidos por policías municipales, estatales y peritos de la Fiscalía, ha mostrado una utilidad parcial y limitada. Contienen temporalmente la violencia, mejoran la preservación de las escenas del crimen y elevan la presencia institucional, pero no desarticulan las disputas entre los múltiples grupos criminales que se disputan el territorio, ni eliminan la extorsión ni la infiltración en autoridades locales, por lo que los picos de asesinatos siguen ocurriendo y evidencian que la estrategia actual administra la inseguridad más de lo que la resuelve.
La llegada del general Bucio Quiroz en sustitución de Miguel Ángel Urrutia, tuvo un efecto parcial y medible, pero no resolvió el problema de fondo. La coincidencia temporal es clara: el promedio diario de homicidios dolosos bajó de forma más pronunciada después de abril (de alrededor de 3.7 a 1.6-1.9 en los meses siguientes), según las cifras del propio gobierno federal y estatal. Bucio aportó un perfil militar con experiencia en la Guardia Nacional y mando operativo, lo que probablemente mejoró la coordinación con las fuerzas federales y la disciplina interna. Eso no es menor. Sin embargo, un solo cambio de titular no desarticuló redes criminales fragmentadas ni eliminó la infiltración en ayuntamientos. Sirvió para contener y ordenar mejor la respuesta institucional, no para transformar la realidad delictiva. Los picos de violencia como el de este martes 28 de julio demuestran los límites de ese relevo.
Sobre los patrullajes esporádicos de la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa: sirven de forma limitada y temporal. Generan un efecto disuasorio momentáneo en las zonas donde se concentran, elevan la percepción de presencia del Estado y ocasionalmente permiten detenciones o decomisos. Pero cuando son intermitentes, los grupos criminales simplemente se adaptan: esperan, se desplazan o actúan en horarios y colonias menos vigiladas. La evidencia en México y en Morelos es consistente: la presencia militar reduce violencia mientras está activa y visible, pero no genera control territorial permanente si no va acompañada de inteligencia profunda, trabajo de investigación continua y debilitamiento financiero de las organizaciones. Son un parche útil, no una solución estructural.
Respecto al hecho de que la Guardia Nacional y la Defensa llegan después de los hechos solo para cuidar perímetros ya establecidos por las policías municipales, la estatal y luego por los peritos de la Fiscalía: eso tiene una utilidad real pero estrecha. Preservar la escena del crimen es indispensable para que la investigación no se contamine y para que la Fiscalía pueda trabajar. También proyecta autoridad y evita que la población o los propios criminales alteren el lugar. Sin embargo, cuando esta se convierte en el patrón dominante —llegar a “cuidar el muerto” en lugar de prevenir el siguiente— revela una estrategia predominantemente reactiva. No disuade al próximo sicario, no interrumpe la logística del grupo que ordenó el ataque y no ataca la extorsión o el control territorial que genera esos homicidios. Es necesario desde el punto de vista procesal y de Estado de derecho, pero insuficiente como política de seguridad. Mientras el grueso del esfuerzo se concentre en reaccionar a los cadáveres en lugar de anticipar y desarticular a quienes los producen, el clima de violencia seguirá teniendo espacio para reproducirse.
En síntesis: el cambio de secretario aportó orden y mejores números promedio; los patrullajes y la presencia posterior ayudan en lo inmediato y en lo procesal. Ninguna de las tres cosas, por sí sola o combinadas de forma esporádica, está resolviendo las disputas entre los múltiples grupos que se pelean Morelos ni la infiltración local que las facilita. Contienen, administran y documentan la violencia. Todavía no la derrotan.
