MORELOS: ENTRE PLOMO, EXPLOSIONES Y CARRETERAS QUE MATAN
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 10 de agosto de 2026
Este fin de semana Morelos volvió a demostrar que la calma es solo una ilusión temporal. Mientras las autoridades repiten cifras de reducción de homicidios, en las calles de Jiutepec, Huitzilac, Cuernavaca y Tlaltizapán se escucharon disparos, se hallaron cuerpos y se registraron asaltos. No es una estadística más: es la realidad que miles de morelenses viven cada día y que ninguna conferencia matutina logra maquillar del todo.
El sábado 8 de agosto dejó un saldo claro: un hombre localizado sin vida con huellas de violencia en el camino hacia Coajomulco, en Huitzilac; otro ejecutado a balazos en la colonia Constitución de Jiutepec; el domingo, en una cancha de futbol de la colonia Jardín Juárez de este mismo municipio, tres hombres fueron víctimas de un ataque armado; detonaciones cerca de la Ruta 10 en Cuernavaca; una persecución armada en Emiliano Zapata y el asalto a una gasolinera. Asimismo, este domingo nueve de agosto se sumó un nuevo homicidio en Tlaltizapán: un hombre fue hallado sin vida con al menos dos heridas de bala en el rostro, cubierto con una cobija y parcialmente oculto entre ramas en una parcela de la colonia Plan de Ayala. Son hechos que se suman a una larga lista y que ponen en duda si las estrategias de seguridad realmente están llegando a donde más se necesitan.
Pero la violencia no es el único riesgo que acecha. Apenas unos días antes, la explosión de una pipa de gas en la colonia Las Granjas, en los límites entre Cuernavaca y Jiutepec, dejó al menos 21 heridos y generó más de treinta denuncias. Familias que perdieron enseres, casas dañadas y personas aún hospitalizadas esperan respuestas. La Fiscalía señala a la empresa Tomza y Protección Civil abrió procedimientos, pero la pregunta sigue en el aire: ¿cuántas tragedias más harán falta para que el transporte de gas LP se regule con seriedad?
En redes sociales y en declaraciones de autoridades y vecinos circula con fuerza la versión de que la deflagración de la pipa de gas LP en la colonia Las Granjas se originó cuando la unidad “se voló” o pasó a alta velocidad sobre un tope de reciente instalación en la calle del siniestro (10 de Abril esquina Francisco Villa), lo que habría provocado el desprendimiento de una válvula, la fuga masiva de gas y la posterior explosión de la nube inflamable; de confirmarse que el paso acelerado sobre ese reductor de velocidad fue el factor desencadenante, queda en evidencia que la instalación y el mantenimiento del sistema de válvulas y tuberías de la pipa no eran los adecuados para un vehículo que transporta material altamente peligroso, pues un tanque y sus conexiones deben resistir sin fallas los impactos normales de la vialidad urbana.
A este panorama se suma otro drama silencioso pero constante: los accidentes viales. El choque entre un autobús, un vehículo particular y una motocicleta en la carretera Alpuyeca-Jojutla, a la altura de Xoxocotla, cobró una vida y dejó cerca de diez lesionados. Obras inconclusas, falta de señalización y poca vigilancia convierten las vías de Morelos en trampas mortales. La inseguridad no solo llega con armas; también viaja a toda velocidad por carreteras descuidadas.Lo que une estos escenarios —balaceras que no cesan ni siquiera en domingo, explosiones evitables y accidentes— es la ausencia de una política integral de prevención. Se reacciona cuando ya hay muertos o heridos, se ofrecen cifras optimistas y se pasa a la siguiente crisis. Mientras tanto, los ciudadanos pagan el precio con miedo, pérdidas económicas y vidas truncadas.
Es momento de exigir más que comunicados. Se necesita una estrategia real que combine presencia policial efectiva en los municipios más calientes, regulación estricta y sanciones ejemplares para las empresas que transportan materiales peligrosos, y una verdadera política de seguridad vial con mantenimiento de carreteras, controles y educación. Morelos no puede seguir improvisando entre funerales. La seguridad no es un discurso: es una deuda pendiente que urge saldar.
