MORELOS: ORDENAR LA CASA NO BASTA SI LA CALLE SIGUE EN LLAMAS

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 20 de agosto de 2026
Casi dos años después de que Margarita González Saravia asumiera como la primera gobernadora de Morelos, el balance es claro y agridulce: ha logrado poner cierto orden administrativo y acercar el gobierno a las comunidades, pero la inseguridad sigue siendo el gran agujero negro que debilita tanto la gobernabilidad como la gobernanza.
El discurso de “ordenar la casa para transformar” ha producido obras, programas sociales y coordinación federal, pero aún no traduce esa intención en tranquilidad cotidiana ni en una forma de gobernar realmente compartida.
La gobernabilidad —esa capacidad del Estado para decidir, ejecutar y sostener resultados con legitimidad— muestra avances tangibles.
Se pagó deuda heredada sin contratar más, se ejecutaron más de 200 obras, se multiplicó la inversión al campo, se digitalizaron trámites y se impulsaron programas como Corazón de Mujer y las Caravanas del Pueblo. Morelos aparece entre los estados con menor desempleo y mejoró su posición en rezago educativo.
La gobernadora mantiene una legitimidad de origen sólida y una aprobación que, aunque fluctuante, suele ubicarse en rangos medios nacionales, destacando en cercanía ciudadana. Sin embargo, la seguridad sigue siendo el talón de Aquiles.
A pesar de aumentos salariales a policías, más cámaras, arcos carreteros y mesas de coordinación diarias —y de algunas reducciones reportadas en delitos de alto impacto tras el Plan Morelos—, el estado permanece entre los primeros lugares nacionales en extorsión y con cifras altas de homicidios y feminicidios. La percepción de inseguridad no cede y la capacidad real de imponer el orden sigue cuestionada.
En el terreno de la gobernanza —el cómo se gobierna y con quién—, hay una mejora evidente respecto al sexenio anterior: mayor coordinación entre Federación, estado y municipios, presencia territorial y algunos espacios de diálogo comunitario. Pero el modelo sigue siendo mayoritariamente vertical y centrado en el Ejecutivo.
La participación ciudadana es, en buena medida, convocada desde arriba; la transparencia presenta lagunas (presupuestos de programas de violencia de género, priorización de ciertos gastos) y las voces críticas —organizaciones feministas, periodistas, colectivas— encuentran todavía poco espacio real de incidencia. Hay redes productivas y culturales, pero no se consolida aún una gobernanza de contrapesos y co-responsabilidad genuina.
Morelos no atraviesa una crisis abierta de gobernabilidad. Hay gobierno, hay operación y hay resultados parciales. Pero tampoco vive una transformación consolidada. El orden interno de la administración no se ha traducido todavía en orden en las calles ni en una forma de gobernar más abierta, evaluable y compartida.
Iniciar el tercer año del sexenio exigirá pasar del relato a la evidencia: métricas independientes y públicas de seguridad, presupuestos transparentes con evaluación de impacto, consejos ciudadanos con autonomía real y una estrategia de prevención de la violencia de género con recursos y resultados medibles.
Ordenar la casa es necesario. Pero si la calle sigue en llamas, el orden administrativo se vuelve solo un alivio temporal. La verdadera transformación se medirá, al final, en la paz que sientan las familias morelenses y en la calidad de las decisiones que se tomen entre todos.
No olvidemos que los tiempos preelectorales ya están encima: el próximo 10 de septiembre inicia el periodo electoral constitucional y, con él, la competencia abierta por infinidad de cargos de elección popular, en tanto los comicios intermedios tendrán lugar el 6 de junio de 2027. En ese contexto, la gobernabilidad y la gobernanza en Morelos podrían sufrir marcadas alteraciones si no se actúa con la debida prevención, pues la lógica de las campañas, la polarización y la disputa por recursos y lealtades suelen tensionar la capacidad de decisión, la coordinación institucional y la confianza ciudadana precisamente cuando más se necesitan estabilidad y continuidad.
