“¡PECHO TIERRA!”: LA VIOLENCIA TAMBIÉN ENTRA A LAS AULAS DE MORELOS
“¡Pecho tiela, tía, pecho tiela!”. La frase salió de la voz de una niña que contestó el teléfono mientras en su comunidad se escuchaban disparos. Quería decir “¡pecho tierra!”, la instrucción que había aprendido para protegerse durante una balacera. La escena podría parecer excepcional, pero retrata una realidad inquietante: en Morelos, niñas y niños comienzan a familiarizarse con códigos de supervivencia que jamás deberían formar parte de su infancia.
Ante el inicio del ciclo escolar 2026-2027, la Secretaría de Educación estatal anunció el reforzamiento de los protocolos de seguridad en los planteles para responder ante balaceras, sismos, incendios, presencia de armas y otras emergencias. La medida forma parte del catálogo federal de actuación que actualmente utiliza el estado, mientras se concluye una versión adaptada específicamente a las condiciones de Morelos.
La secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso, había reconocido desde mayo que todas las escuelas cuentan con lineamientos preventivos, pero solamente alrededor del 10 por ciento de los planteles realiza simulacros relacionados con balaceras en sus inmediaciones. La explicación oficial es que este tipo de prácticas se concentra en comunidades consideradas de mayor riesgo; sin embargo, la expansión de la violencia demuestra que los disparos ya no pueden considerarse un fenómeno exclusivo de determinadas regiones.
Los protocolos contemplan mantener a los alumnos dentro de las aulas, alejarlos de puertas y ventanas, colocarlos en el piso, conservar la calma y evitar evacuaciones mientras persista el peligro. También establecen comunicación con las corporaciones de seguridad y con madres y padres de familia. A ello se sumarán ejercicios ante sismos y otras contingencias, además del fortalecimiento de brigadas escolares y la revisión de los programas internos de Protección Civil.
El tema cobró mayor relevancia después de que autoridades escolares detectaron a un estudiante que llevaba un arma de fuego en su mochila. El director del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, Raúl Aguirre Espitia, consideró necesario reforzar la revisión de útiles y pertenencias, con participación y autorización de los padres, para impedir el ingreso de armas, sustancias prohibidas u objetos capaces de poner en riesgo a la comunidad estudiantil.
Preparar a maestros y alumnos para salvar la vida es indispensable, pero también dolorosamente revelador. La normalidad escolar debería consistir en aprender a leer, escribir y convivir, no en ensayar cómo tirarse al suelo cuando comienzan los disparos. Que una niña pronuncie “¡pecho tierra!” antes incluso de saludar por teléfono no demuestra solamente que conoce el protocolo: confirma hasta qué punto la violencia se está normalizando en Morelos.
