El oro sucio: la basura mueve millones y Morelos también está en el negocio
La muerte del diputado federal veracruzano Zenyazen Escobar García colocó inesperadamente bajo los reflectores un negocio que normalmente permanece enterrado bajo toneladas de desperdicios: la recolección, traslado, tratamiento y disposición final de la basura. Las investigaciones sobre su fallecimiento deberán establecer las causas y, sobre todo, si existe o no algún móvil relacionado con intereses económicos. Sería irresponsable anticiparlo. Pero el episodio abrió una puerta que vale la pena cruzar: ¿cuánto dinero mueve realmente la basura en México y quiénes participan de ese negocio?
Basta trasladar la pregunta a Morelos para descubrir la dimensión del asunto. En Cuernavaca, el propio gobierno municipal ha reconocido que el servicio integral de recolección, traslado, tratamiento y disposición final representa alrededor de 250 millones de pesos anuales. Estamos hablando de aproximadamente 20.8 millones de pesos cada mes; casi 685 mil pesos diarios. Todo para que aquello que arrojamos al bote desaparezca de nuestra vista. Pero la basura no desaparece: alguien la recoge, alguien la transporta, alguien la recibe y, en cada una de esas etapas, alguien cobra.
CUERNAVACA: 250 MILLONES AL AÑO
Actualmente el servicio integral en la capital morelense está en manos de Comercializadora Trideza S.A. de C.V., luego de una licitación pública nacional realizada por el Ayuntamiento. Y aquí comienza una historia que merece revisarse con lupa, porque Cuernavaca conoce desde hace muchos años los conflictos derivados de la privatización de este servicio. Trideza es propiedad de Daniel Miranda, actual secretario de Organización de la CATEM en Morelos.
Durante administraciones anteriores apareció PASA, empresa que obtuvo una concesión por 20 años. Vinieron después la rescisión, litigios, reclamaciones económicas y otros prestadores del servicio. En 2022, el Ayuntamiento informó incluso del depósito de más de 38 millones de pesos correspondientes a adeudos con aquella compañía.
Es decir, la basura genera dinero cuando se recoge, pero también puede generarlo cuando se concesiona, se rescinde un contrato, se litiga o se indemniza.
Y todavía hay otra pregunta: ¿qué ocurre después de que los camiones desaparecen de nuestras calles?
TEMIXCO: EL MISMO NOMBRE VUELVE A APARECER
Al cruzar los límites municipales encontramos algo interesante. En Temixco vuelve a aparecer Comercializadora Trideza.
Documentación municipal establece que durante 2025 esa empresa participó en la recolección de 27 mil 494 toneladas de residuos, trasladadas al relleno sanitario de Loma de Mejía, con un gasto reportado superior a 29 millones de pesos durante el periodo correspondiente.
Posteriormente vino la concesión. Temixco entregó a Trideza el servicio de recolección, traslado, depósito y disposición final con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2027.
No existe irregularidad alguna por el simple hecho de que una compañía opere en dos municipios. Sería absurdo plantearlo así. Pero periodísticamente el dato importa: una misma empresa participa en el manejo de residuos de dos de los municipios más poblados de la zona metropolitana de Cuernavaca.
¿Cuánto representa conjuntamente ese mercado? ¿Qué infraestructura utiliza? ¿Qué empresas relacionadas participan en las distintas etapas? ¿Quiénes son los accionistas? ¿Cuánto se cobra por tonelada? ¿Qué márgenes existen entre recolección, transferencia, traslado y confinamiento?
Son preguntas. Precisamente eso hace el periodismo: preguntar.
JIUTEPEC: MÁS DE 150 TONELADAS CADA DÍA
Vayamos ahora a Jiutepec, otro gigante metropolitano.
El municipio genera más de 150 toneladas de residuos diariamente. Son alrededor de 4 mil 500 toneladas mensuales y potencialmente más de 54 mil toneladas al año.
El Ayuntamiento ha informado que esos residuos salen del municipio hacia un centro de transferencia autorizado.
Perfecto.
Entonces habrá que conocer quién opera ese centro, cuánto cobra, quién realiza el transporte posterior, cuántos kilómetros recorren los residuos, cuál es su destino definitivo y cuánto termina pagando el contribuyente por cada tonelada que produce Jiutepec.
Porque multiplicar toneladas por tarifas puede explicar mejor este negocio que cualquier discurso político.
CUAUTLA: CUANDO EL RELLENO CIERRA LA PUERTA
En el oriente de Morelos aparece otra pieza fundamental: La Perseverancia, un complejo privado para tratamiento y disposición final de residuos que recibe desperdicios procedentes de distintos municipios.
Su infraestructura permite separar cientos de toneladas diariamente y aprovechar materiales reciclables; además, existe generación energética mediante biogás.
Aquí descubrimos algo fundamental.
La basura puede producir dinero incluso después de que el Ayuntamiento pagó para deshacerse de ella.
Primero se cobra por recogerla. Puede cobrarse por transferirla. Después por transportarla. Luego por recibirla y confinarla. Y determinados materiales pueden recuperarse, reciclarse o valorizarse; incluso los gases producidos por su descomposición pueden aprovecharse energéticamente.
La basura que para una familia no vale nada puede convertirse, industrialmente manejada, en una cadena económica.
Cuautla comprobó además hasta qué punto un municipio puede depender del sitio de disposición final cuando problemas de pago provocaron que sus camiones dejaran temporalmente de ingresar al relleno. Bastó cerrar la puerta para que apareciera la amenaza que aterroriza a cualquier alcalde: una ciudad inundada de basura.
EL PODER ESTÁ AL FINAL DEL CAMINO
Aquí quizá radica una parte que pocas veces observamos.
Pensamos que el negocio principal está en los camiones recolectores. No necesariamente.
Quien controla la disposición final posee algo extraordinariamente valioso: el lugar donde inevitablemente tendrá que terminar aquello que producen diariamente cientos de miles de personas.
Un municipio puede cambiar camiones. Puede modificar rutas. Incluso puede sustituir empresas recolectoras.
Pero necesita algún lugar legalmente autorizado para depositar miles de toneladas de residuos.
Por eso los rellenos sanitarios, centros de transferencia y futuros centros regionales merecen tanta atención periodística como las concesiones de recolección.
MORELOS PREPARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO
Y aquí aparece otro dato que obliga a mirar hacia adelante.
El Gobierno de Morelos ha planteado avanzar hacia un esquema regional para el manejo de residuos, mediante centros que atenderían distintas zonas de la entidad.
La idea puede tener enormes ventajas ambientales, técnicas y económicas.
Pero también significará contratos, terrenos, maquinaria, transporte, tecnología, operación y probablemente cientos de millones de pesos durante los próximos años.
Por eso las preguntas deben formularse antes y no después.
¿Dónde estarán esos centros? ¿Quién aportará los terrenos? ¿Quién construirá? ¿Quién operará? ¿Serán públicos, privados o mixtos? ¿Cuánto pagará cada municipio? ¿Existirán concesiones? ¿Por cuántos años? ¿Quién fijará las tarifas por tonelada?
Y, fundamentalmente: ¿quiénes serán los beneficiarios finales del nuevo modelo de manejo de residuos de Morelos?
SIGAMOS LOS CAMIONES… Y DESPUÉS EL DINERO
La muerte del diputado federal Zenyazen Escobar no permite acusar a nadie ni establecer relaciones que las investigaciones oficiales todavía no hayan demostrado.
Pero sí sirve como punto de partida para observar un sector económico gigantesco que rara vez ocupa primeras planas.
En Morelos tenemos suficientes razones para investigarlo.
Cuernavaca destina alrededor de 250 millones de pesos anuales al servicio integral. Temixco concesionó el suyo. Jiutepec genera más de 150 toneladas diariamente. Cuautla depende de infraestructura privada para la disposición final. Y el estado analiza regionalizar el manejo de residuos.
Por eso quizá ha llegado el momento de construir un verdadero mapa del dinero de la basura en Morelos.
Municipio por municipio.
Contrato por contrato.
Empresa por empresa.
Tonelada por tonelada.
Saber quién recoge, quién transporta, quién controla los centros de transferencia, quién posee u opera los rellenos sanitarios, cuánto pagan los ayuntamientos, cómo fueron adjudicados los contratos, durante cuántos años estarán vigentes y quiénes aparecen detrás de las sociedades mercantiles beneficiadas.
Porque durante décadas hemos seguido a los camiones recolectores únicamente para comprobar si pasan por nuestra colonia.
Quizá estábamos siguiendo la parte equivocada de la historia.
Hay que acompañarlos hasta el final del recorrido.
Y después seguir el dinero.
Porque la basura ciertamente apesta.
Pero también huele a dinero.
A muchísimo dinero.
