Alcohol al volante: el otro riesgo que crece cuando llega el fin de semana en Morelos
El fin de semana no sólo significa mayor actividad en bares, restaurantes, fiestas y reuniones en Morelos. También abre una ventana de riesgo en las calles: alcohol y conducción de vehículos, una combinación que forma parte de los registros oficiales de accidentes de tránsito y que adquiere mayor relevancia en un estado donde más de la mitad de la población de 10 años y más reportó haber consumido bebidas alcohólicas durante el último año.
La Estadística de Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas (ATUS) del INEGI cuenta ya con cifras definitivas correspondientes a 2025. La base permite identificar cada siniestro por entidad y municipio, día de la semana, hora, edad y sexo del conductor presuntamente responsable y, especialmente, si éste presentaba aliento alcohólico. Se trata de accidentes registrados por las autoridades estatales y municipales en vialidades urbanas y suburbanas, por lo que no incluye la totalidad de los percances ocurridos en carreteras federales.
La variable resulta particularmente importante para Morelos porque permite observar un fenómeno que durante años ha sido visible durante las noches y madrugadas de los fines de semana: personas que salen de reuniones, fiestas, restaurantes o centros nocturnos y posteriormente conducen. El registro de INEGI no significa que todo accidente donde aparece aliento alcohólico haya sido provocado exclusivamente por el alcohol, pero sí permite establecer que éste estaba presente en el conductor presuntamente responsable.
Cuernavaca ofrece antecedentes contundentes. Cuando el municipio reforzó el programa “Conduce sin Alcohol”, los operativos de fin de semana comenzaron a encontrar decenas de automovilistas que habían bebido. En enero de 2023, por ejemplo, un solo operativo detectó 83 personas con aliento alcohólico; durante otra jornada fueron 84 y en diciembre de 2022 llegaron a detectarse 103 personas. No todos rebasaban necesariamente el límite permitido, pero las cifras mostraban la dimensión de la práctica de beber y después ponerse al volante.
Existe incluso un dato todavía más ilustrativo. Durante la semana del 23 al 29 de enero de 2023, las autoridades de Cuernavaca reportaron cinco accidentes viales relacionados con el consumo de bebidas alcohólicas. Entre ellos hubo una volcadura en la zona de Vista Hermosa y otro percance en Tlaltenango. Es decir, el alcoholímetro no nació únicamente como mecanismo sancionador: respondió a accidentes que ya estaban ocurriendo en las calles de la capital.
El problema adquiere otra dimensión al relacionarlo con la información sanitaria más reciente. La Ensanut Continua 2020-2024 estimó que 52.6 por ciento de los morelenses de 10 años o más consumió alcohol durante los 12 meses anteriores, porcentaje superior al promedio nacional. Entre los jóvenes y adultos de 18 a 34 años, la proporción alcanzó 69.2 por ciento, colocando a Morelos entre las entidades con mayor consumo en ese grupo de edad.
El alcohol, por supuesto, no explica por sí mismo la siniestralidad vial. Exceso de velocidad, distracciones por teléfonos celulares, imprudencia, condiciones de las vialidades y fallas mecánicas también intervienen. Pero conducir después de beber agrega un factor perfectamente prevenible: disminuye reflejos y capacidad de reacción, altera la percepción del riesgo y puede transformar un error de segundos en una tragedia.
Los datos plantean finalmente una discusión para los municipios de Morelos. ¿Por qué los operativos de alcoholimetría no constituyen una política permanente, coordinada y medible en las principales zonas urbanas del estado? Cuernavaca, Cuautla, Jiutepec, Temixco, Emiliano Zapata, Xochitepec y Yautepec concentran importantes corredores comerciales, restaurantes, bares y espacios de convivencia nocturna. El objetivo del alcoholímetro no debería ser recaudar multas ni sorprender conductores, sino impedir que una persona que ha bebido continúe manejando.
Porque detrás de las estadísticas existe una realidad elemental: un accidente relacionado con el alcohol es, en buena medida, un accidente prevenible. Y si el consumo aumenta con la convivencia y la fiesta del fin de semana, la prevención tendría que intensificarse precisamente en esas horas y lugares, antes de que una noche de diversión termine en una ambulancia, un hospital o una carpeta de investigación.
