Ante un asalto, proteger la vida debe ser la prioridad: autoridades recomiendan no oponer resistencia
El asesinato de la estudiante española Claudia Tacoronte Aguilera en Cuautla deja, además de la exigencia de justicia y del debate sobre la inseguridad en Morelos, una dolorosa enseñanza en materia de prevención: ningún teléfono celular, cartera, automóvil u objeto material vale más que la vida. Autoridades y especialistas en seguridad coinciden en que, frente a un delincuente —especialmente si está armado—, lo recomendable es evitar enfrentarlo, discutir o intentar recuperar las pertenencias.
En el caso de Claudia, la Fiscalía General del Estado de Morelos ha establecido como móvil el robo de su teléfono celular. El fiscal Fernando Blumenkron explicó que, conforme a la investigación, Francisco Javier “N”, alias “El Trompas”, la abordó y la despojó del aparato; cuando Claudia pidió ayuda, el sujeto presuntamente la atacó con un arma blanca, provocándole las lesiones que le ocasionaron la muerte. Hasta ahora, la versión públicamente expuesta por la Fiscalía señala que la joven pidió auxilio después del despojo, por lo que debe evitarse afirmar categóricamente que hubo un forcejeo mientras esa circunstancia no sea establecida formalmente.
El caso demuestra también lo imprevisible que puede resultar la reacción de un asaltante. La víctima desconoce si quien tiene enfrente porta un arma, se encuentra alterado o está dispuesto a ejercer violencia por un objeto de escaso valor. Por esa razón, las recomendaciones preventivas son claras: mantener la calma en la medida de lo posible, no discutir, evitar movimientos bruscos, entregar las pertenencias solicitadas y no intentar desarmar ni perseguir al agresor.
Esto no significa responsabilizar a quien es víctima de un delito. La responsabilidad de un asalto y de sus consecuencias corresponde al delincuente. Las medidas de autoprotección únicamente buscan aumentar las posibilidades de salir con vida de una situación en la que existe una enorme desigualdad: el criminal suele tener la iniciativa, puede estar armado y la víctima generalmente ignora hasta dónde está dispuesto a llegar.
Entre las recomendaciones habituales de instituciones de seguridad están evitar desafiar al asaltante; avisar antes de realizar algún movimiento para sacar una cartera, teléfono o llaves; entregar los objetos sin movimientos repentinos; observar discretamente características que posteriormente puedan servir a las autoridades; no perseguir al delincuente una vez que huya y, cuando haya pasado el peligro, buscar inmediatamente un lugar seguro y solicitar ayuda.
La prevención comienza incluso antes del delito. Se recomienda permanecer atento al entorno, evitar en lo posible caminar de noche por sitios solitarios, identificar establecimientos o lugares donde pueda solicitarse ayuda durante los recorridos habituales, reducir las distracciones provocadas por el teléfono y denunciar posteriormente los robos para contribuir a identificar zonas con mayor incidencia delictiva.
La muerte de Claudia no debería utilizarse para cuestionar lo que hizo una joven enfrentada repentinamente a un delincuente. Sí puede servir, en cambio, para difundir una regla elemental de supervivencia: ante un asalto, primero está la vida. Las pertenencias pueden reemplazarse; una reacción frente a un agresor armado puede tener consecuencias irreversibles.
