BOMBO Y PLATILLO EN DOMINGO DÍEZ: LA COMER ABRE, EL ALCALDE CELEBRA… Y LOS NÚMEROS MANDAN
LA CRÓNICA DE MORELOS
Martes 21 de julio de 2026
Por Guillermo Cinta Flores
Este martes 21 de julio, con toda la fanfarria habitual, se inauguró la nueva sucursal de La Comer en Avenida Domingo Díez, zona norte de Cuernavaca, justo frente (o muy cerca) del Walmart de siempre. Ahí estuvo el alcalde José Luis Urióstegui Salgado (JLUS) recibiendo aplausos, cortando listón y repitiendo el mantra de rigor: “Cuernavaca se consolida como destino atractivo para la inversión privada”.
Ninguna autoridad estatal a la vista. Solo el munícipe y los representantes de la empresa, con 350 empleos directos anunciados, derrama económica prometida y las famosas 391 luminarias donadas para iluminar el tramo de la avenida.
Es el guion perfecto del político dicharachero: convertir una decisión empresarial en triunfo personal y municipal. Pero desmitifiquemos el show de una vez.
Grupo La Comer no decidió invertir sobre un predio grande (comprado a precios ventajosos) y abrir esta cuarta tienda en la ciudad porque el alcalde sea carismático o porque Cuernavaca tenga “buen clima y vegetación espectacular”. Lo hizo porque sus analistas, en fríos estudios de mercado, vieron rentabilidad clara: alto flujo vehicular en Domingo Díez, visibilidad, conectividad, crecimiento residencial en la zona norte y un segmento medio-alto que paga tickets más elevados por surtido premium, gourmet y mejor experiencia. Frente al Walmart no es casualidad: es estrategia. Walmart se queda con el volumen masivo y bajo precio; La Comer captura al cliente que busca calidad y servicio sin necesidad de pelearle todo el mercado.
Ya tenían tres tiendas en Cuernavaca y les funcionaban. Abrir la cuarta reduce costos logísticos, fortalece la marca local y encaja perfecto en el plan nacional del grupo: abrir varias sucursales al año en plazas donde ya operan y donde los números cierran. El predio grande (esencial para tienda + estacionamiento) apareció en una avenida estratégica. Los números cuadraron. Fin de la historia. La tiendota se construyó y abrió, no gracias a un café convidado por JLUS, sino por mero mercantilismo.
La donación de luminarias es el clásico “aporte social” mexicano en el mercado minorista: mejora imagen, ayuda a destrabar permisos y genera buena vibra con la autoridad. Recordemos que en abril la obra fue clausurada temporalmente por falta de estudio de impacto ambiental. Se resolvió y avanzó. Todo dentro de reglas, pero con la dosis habitual de negociación práctica.
Lo que el alcalde no dice en el acto de inauguración es que la decisión real la tomaron los directivos de La Comer con Excel, proyecciones de retorno de inversión y análisis de competencia. No fue un favor al municipio ni un premio a su gestión. Si los números no hubieran dado, no habría ni listón que cortar, por más discursos que se pronuncien.
Hoy celebramos empleos y una opción más de compras. Eso es positivo. Pero atribuir la llegada de La Comer al “atractivo” que vende el ayuntamiento es inflar el globo.
La ciudad crece donde los inversionistas ven ganancia sostenida, no donde el munícipe más dicharachero (mejor conocido como “El Enterrador”) lo pregona. El bombo y platillo de hoy es solo eso: espectáculo. Detrás, como casi siempre en estos casos, manda el cálculo frío del negocio.
Cuernavaca avanza, sí. Pero no gracias al discurso municipal, sino a pesar de él. Los que realmente deciden dónde invertir son los que arriesgan su capital, no los que cortan listones.
