Cuernavaca: un gigantesco tianguis donde predominan la anarquía y la negligencia municipal
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 13 de julio de 2026
Me hierve la sangre. Me causa indignación profunda y un coraje que no me cabe en el pecho escuchar al secretario de Turismo y Desarrollo Económico, Marcos Manuel Suárez Gerard, reconocer públicamente lo que todos sabemos pero pocos se atreven a decir con claridad: Cuernavaca está entre las ciudades con mayor descontrol y anarquía en materia de ambulantaje del país. ¡Bravo por la sinceridad, secretario!
Pero esa verdad duele como puñalada porque confirma lo que hemos tolerado durante años: nuestra hermosa Ciudad de la Eterna Primavera se convirtió en un gigantesco y caótico zoco.
Un zoco, para quienes no lo sepan, es el mercado tradicional árabe: un laberinto ruidoso, sin orden, donde todo se vende y se compra en medio del polvo, el regateo y la saturación total.
Eso es hoy Cuernavaca. Ya no hay banquetas, plazas ni calles que se salven. El espacio público —ese que es de todos— nos lo arrebataron. Caminas por donde sea y te topas con puestos, toldos, mercancía tirada, cables colgando y vendedores que hacen lo que les da la gana.
Anarquía pura: nadie regula, nadie ordena, nadie cobra impuestos justos ni limpia después. Y los cuernavacenses decentes pagamos la fiesta con calles intransitables, negocios formales ahogados y una ciudad que espanta al turismo en lugar de atraerlo.
Estoy totalmente de acuerdo con el secretario Suárez, pero el coraje se me multiplica cuando pienso en los verdaderos culpables: los funcionarios negligentes del Ayuntamiento que dejaron crecer este cáncer, empezando por el propio alcalde José Luis Urióstegui Salgado.
¿Dónde estuvo la mano firme? ¿Dónde las estrategias de reordenamiento? ¿Dónde el respeto al reglamento? La abulia, la inacción y, sospecho, la conveniencia de algunos convirtieron a Cuernavaca en este desastre. Porque nada es gratuito en la viña del Señor, señor alcalde. Algunos funcionarios venales deben estar sacando tajada de esta anarquía: permisos bajo la mesa, mordidas por dejar crecer el ambulantaje y silencio cómplice mientras la ciudad se degrada.
Y no es solo el ambulantaje. Esta podredumbre viene acompañada de una larga lista de vergüenzas: montañas de basura que nadie recoge a tiempo, inseguridad que nos tiene a todos con el Jesús en la boca, colonias enteras sin agua potable durante semanas, luminarias fundidas que convierten las noches en territorio de nadie, y patrullajes que brillan por su ausencia. La Guardia Nacional, la policía municipal y la estatal aparecen de vez en cuando como fantasmas; en las noches, simplemente no existen. ¿Resultado? Una ciudad donde todo mundo hace lo que le viene en gana, sin consecuencias.
Basta ya. Es hora de que la indignación se convierta en exigencia. Los cuernavacenses no merecemos vivir en un zoco. Exigimos orden, respeto al espacio público y funcionarios que trabajen para la ciudad, no para sus bolsillos. Señor alcalde y equipo: si no pueden o no quieren arreglarlo, háganse a un lado. Cuernavaca se merece mucho más que este caos.
