El eco de los balazos en City Market de la colonia Vista Hermosa de Cuernavaca: El terror que nadie merece
Cuernavaca vivió este viernes un episodio que ya no debería sorprendernos, pero que sigue lacerando el alma colectiva. Afuera del City Market de la colonia Vista Hermosa, una ejecución a plena luz del día. Dentro, clientes y comensales que solo buscaban hacer el súper o disfrutar de una comida, se vieron sacudidos por el sonido inconfundible de las detonaciones a pocos metros.
En ese instante, el miedo primitivo se apodera de todo. El corazón se acelera, las manos tiemblan y la mente entra en modo supervivencia. La gente se tira al suelo entre los carritos de compras, se esconde bajo las mesas, abraza a sus hijos intentando ahogar sus sollozos. Los gritos se contagian. El pánico colectivo transforma un espacio cotidiano y seguro en un campo de batalla improvisado. Ya no importa si eras cliente habitual o si solo pasabas por ahí: de repente, la vida se reduce a una sola pregunta: “¿Cómo salgo vivo de aquí?”.
Pero el terror no termina cuando cesan los disparos. Queda un miedo residual mucho más profundo. La incertidumbre de si volverán, la culpa de no haber ayudado a alguien, la rabia de sentirse completamente expuesto en lo que se suponía era un lugar civilizado.
Para muchos, ese City Market ya no será el mismo. Vendrán las noches de insomnio, los ataques de ansiedad al escuchar un ruido fuerte, y en los niños, un temor irracional a salir de casa. Ese es el verdadero daño: la fractura del sentido de seguridad.
Lo ocurrido no fue solo un “ajuste de cuentas”. Fue un mensaje brutal para toda la ciudad: ningún lugar es realmente seguro. Cuando la violencia llega a la puerta de un supermercado de clase media en plena tarde, se rompe la última ilusión de normalidad. La gente empieza a modificar sus hábitos, a salir menos, a desconfiar.
El tejido social se erosiona y la ciudad pierde, poco a poco, su alma.
No hay excusas que valgan. Ni explicaciones posteriores ni promesas de “reforzar la seguridad”. Una ejecución frente a un centro comercial lleno de familias es la evidencia clara de un fracaso en el control territorial y en la prevención del delito.
Las autoridades no pueden seguir escabulléndose con argumentos vacíos mientras la ciudadanía carga con el peso del miedo.
Cuernavaca merece más. Sus habitantes merecen poder caminar, comprar y vivir sin que el eco de los balazos les recuerde constantemente lo frágil que es la civilidad en esta tierra. A ver con qué nueva excusa sale “El Dos Mil” (mil saludos, mil pretextos).
