LA CAÍDA DE “LA TRIPA”: DE LA FOTO CON CUAUHTÉMOC BLANCO A LA CELDA FEDERAL
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 08 de junio de 2026
En el marco de la Estrategia Nacional contra la Extorsión, el Gabinete de Seguridad federal dio un golpe significativo al detener en San Pedro Cholula, Puebla, a Homero “N” (Figueroa Meza), identificado como líder de un grupo delictivo generador de violencia en Morelos. Junto a él cayó una mujer. Les aseguraron un arma corta, dosis de marihuana y cristal, una identificación apócrifa y el vehículo en el que viajaban.
Los agentes actuaron con base en denuncias ciudadanas, inteligencia del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y trabajos de la SSPC y la AIC de la FGR.
Homero Figueroa Meza, alias “La Tripa”, presunto cabecilla del Comando Tlahuica, acumulaba años de señalamientos por controlar plazas en municipios como Ayala, Cuautla, Jantetelco, Yecapixtla y Zacualpan, con actividades centradas en homicidio y extorsión. Su detención no es solo un operativo más: cierra un capítulo de impunidad que involucró a las más altas esferas políticas de Morelos.
El antecedente incómodo: la reunión en Yautepec
El nombre de “La Tripa” saltó a la fama nacional en enero de 2022, cuando se publicó una fotografía donde apareció junto a Cuauhtémoc Blanco y otros dos presuntos líderes criminales: Irving Eduardo Solano Vera, alias “El Profe”, y Raymundo Isidro Castro, alias “El Ray”. La imagen fue tomada el 12 de diciembre de 2018 en la iglesia de la Asunción de Yautepec, durante una misa por la Virgen de Guadalupe. Un cura local (llegó a decirse que se trataba de Juan Alvarado, cercano a la Diócesis de Cuernavaca) fungió como auspiciador del encuentro.
Blanco, entonces recién estrenado gobernador, negó conocer a los presentes y argumentó que se tomaba fotos “con todo el mundo”. Sin embargo, los hechos posteriores pintaron un panorama más complejo. Figueroa no era un desconocido para las estructuras de poder: durante la gestión de Blanco como alcalde de Cuernavaca (2016-2018), “La Tripa” figuró como asesor jurídico en el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (Sapac), con un sueldo de alrededor de 70 mil pesos mensuales. Documentos oficiales de la nómina lo acreditaban desde febrero de 2016 hasta al menos septiembre de 2018.
Se le señaló repetidamente de controlar estructuras municipales en diferentes periodos, especialmente en áreas sensibles como el abasto de agua (mediante pipas del SAPAC) y el cobro de derechos. Su grupo, el Comando Tlahuica —escisión de los Beltrán Leyva—, fue vinculado a la generación de violencia en la entidad, incluyendo mantas y mensajes directos al propio gobernador en años posteriores.
De la impunidad a la celda
A pesar de los señalamientos y la foto viral, Figueroa permaneció activo durante años. Otros dos personajes de aquella imagen fueron detenidos en su momento; él, en cambio, eludió la justicia hasta ahora. Su captura en Puebla, mientras se movía con documentación falsa, demuestra que las redes de inteligencia federal finalmente cerraron el cerco.
La detención refrenda el compromiso del gobierno federal contra delitos de alto impacto, pero también deja preguntas abiertas sobre cómo un presunto líder delictivo pudo mantener influencia en municipios morelenses y figurar en nóminas públicas durante administraciones previas.
En Morelos, donde la extorsión y el control territorial han sido males crónicos, golpes como este son necesarios, pero insuficientes si no van acompañados de una limpieza profunda en las estructuras que, durante años, parecieron tolerar o incluso cobijar estos poderes fácticos.
“La Tripa” cayó. Queda por ver si su detención abre una verdadera rendición de cuentas o si, como en otras ocasiones, el ciclo de impunidad en Morelos simplemente encuentra un nuevo nombre. La ciudadanía, cansada de promesas, exige resultados concretos: menos fotos incómodas y más justicia sin excepciones.
