LA CUERNAVACA QUE AMAMOS: CONSTRUIR EL FUTURO DESDE EL DIÁLOGO

OPINIÓN
Por Rodrigo Gayosso Cepeda
Jueves 22 de octubre de 2026
Cuernavaca es, ante todo, su gente. Somos miles de mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños que todos los días trabajamos, emprendemos, enseñamos, estudiamos, jugamos, cuidamos de los nuestros y soñamos en esta ciudad de la eterna primavera. Esa energía ciudadana es nuestra mayor riqueza y la fuerza que nos permite mirar al futuro con esperanza. Una ciudad con tanta historia, belleza natural y talento humano merece una visión de largo plazo que trascienda gobiernos, partidos y coyunturas electorales. La pregunta que nos convoca no es solo qué ciudad queremos tener mañana, sino qué estamos dispuestos a construir hoy para que, dentro de veinte años, vivamos en la Cuernavaca que todos deseamos y amamos.
Para lograrlo, necesitamos un plan de gobierno que nazca de la ciudadanía, con objetivos claros, metas medibles y una visión compartida. Un proyecto que no dependa de la voluntad de una sola persona ni de los tiempos de una administración, sino que represente un compromiso colectivo con las próximas generaciones.
Proponemos que esta reflexión se organice en diez ejes rectores: seguridad, tecnología, educación, cultura, deporte, salud, desarrollo económico, turismo, infraestructura y medio ambiente. Cada uno debe convertirse en una agenda de trabajo que atienda los retos de hoy y se anticipe a los de mañana.
Soñamos con una ciudad donde la seguridad sea una realidad cotidiana, sostenida por instituciones confiables, prevención del delito, inteligencia y tecnología al servicio de la tranquilidad de las familias. Una ciudad donde la educación y la cultura abran oportunidades, fortalezcan nuestra identidad y formen ciudadanos críticos y creativos. Una ciudad que entienda el deporte y la salud como inversiones en bienestar, prevención y calidad de vida.
Queremos un desarrollo económico y un turismo que generen empleo digno, respalden a quienes se atreven a emprender y aprovechen con responsabilidad nuestra riqueza histórica, cultural y natural. Y queremos que la infraestructura y el medio ambiente avancen de la mano: mejores vialidades, servicios públicos eficientes, movilidad digna, espacios públicos recuperados, barrancas protegidas y un crecimiento urbano ordenado.
Estos diez ejes no pueden quedarse en el papel. Deben traducirse en proyectos, presupuestos, indicadores y mecanismos de evaluación pública. Y, sobre todo, deben surgir de escuchar a quienes conocen mejor que nadie la ciudad: su gente, quienes vivimos en sus colonias y comunidades, estudiamos en sus universidades, empresarios que arriesgan el patrimonio familiar, las y los trabajadores que son el pulmón que oxigena la ciudad, las organizaciones civiles y religiosas que dan cohesión y valores a nuestra sociedad, en resumen, a las familias que habitamos en ella.
Construir una visión común exige, además, recuperar el valor del debate constructivo.
Debatir no significa destruir a quien piensa diferente, ni descalificar o convertir las diferencias en motivo de ruptura social. El verdadero debate es una oportunidad para contrastar ideas, cuestionar decisiones, reconocer errores y encontrar coincidencias. Es aceptar que nadie tiene todas las respuestas y que las mejores soluciones surgen cuando distintas miradas se encuentran.
La crítica es indispensable en una democracia; la descalificación sistemática, en cambio, empobrece la conversación pública. Podemos tener diferencias políticas y, al mismo tiempo, compartir el amor por nuestra ciudad. Podemos disentir sobre los caminos sin renunciar al destino común: una Cuernavaca más segura, justa, próspera y humana.
En esta tarea, la participación de las y los jóvenes es esencial. Queremos que se involucren en la vida pública por convicción y no por obligación; que encuentren espacios para proponer, cuestionar y transformar. Nos toca demostrarles que la política no es sinónimo de confrontación permanente, sino una herramienta para resolver problemas y mejorar la vida de las personas.
Porque la política, en su sentido más profundo, es el arte de dialogar, construir acuerdos y hacer posible lo que parecía imposible.
La Cuernavaca que amamos no se construirá de un día para otro ni será obra de un solo gobierno. Será el fruto de las decisiones que tomemos como sociedad, de nuestra capacidad para escucharnos y de la voluntad de caminar juntos.
Tenemos veinte años para construir ese futuro, y el mejor momento para empezar es hoy: con ideas, con participación ciudadana y con la certeza de que, por encima de nuestras diferencias, Cuernavaca nos une.
¡La Cuernavaca, que amamos!
ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN “EL REGIONAL DEL SUR”. PUEDES CONSULTARLO EN EL
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