LA ENTROPÍA DEL PODER: CUANDO UN GABINETE COMIENZA A DESGASTARSE

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 24 de agosto de 2026
El desgaste comienza a asomarse en algunas áreas del gobierno de Margarita González Saravia. El Principio de Peter advierte que todo funcionario puede alcanzar el límite de sus capacidades. El riesgo surge cuando su incompetencia deja de afectarlo sólo a él y comienza a desgastar a quien lo mantiene en el cargo.
Hace muchos años recurrí a un concepto de la física para explicar un fenómeno recurrente en la política morelense: la entropía. El término, desarrollado por el físico alemán Rudolf Clausius, describe de manera simplificada la pérdida progresiva de energía útil dentro de un sistema. Trasladado como metáfora a la política, permite entender algo que hemos observado durante décadas: todo gobierno comienza con una enorme reserva de energía, expectativas y confianza, pero inevitablemente empieza a desgastarse.
El gobierno de Margarita González Saravia no puede escapar a esa lógica. Llegó el primero de octubre de 2024 con un amplio respaldo electoral, convertida además en la primera mujer en gobernar Morelos y favorecida por el contraste con la administración de Cuauhtémoc Blanco. Durante los primeros meses fue razonable hablar de reorganización, diagnósticos y problemas heredados. Pero conforme avanza el sexenio esa explicación pierde vigencia: llega un momento en que los problemas recibidos dejan de pertenecer al pasado y se convierten en responsabilidad del presente.
Y es precisamente ahí donde comienza la verdadera evaluación del gabinete.
Existe otro concepto que ayuda a comprender lo que puede ocurrir dentro de cualquier estructura gubernamental: el Principio de Peter, según el cual las personas dentro de una organización jerárquica tienden a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. No necesariamente porque sean incapaces, sino porque las habilidades que les permitieron destacar en determinado puesto pueden resultar insuficientes cuando reciben responsabilidades superiores.
La política ofrece ejemplos abundantes. Un buen operador político no necesariamente será un buen secretario; un excelente técnico puede carecer de sensibilidad social; un dirigente partidista puede resultar deficiente como administrador y la cercanía con el gobernante jamás sustituye la capacidad para resolver problemas.
Ese riesgo comienza a aparecer en el gobierno morelense.
Sin necesidad de adelantar nombres —los resultados terminarán señalándolos—, existen funcionarios que empiezan a mostrar desgaste político. Algunos parecen reaccionar solamente cuando los problemas ya estallaron; otros necesitan constantemente la intervención de la gobernadora para destrabar asuntos que deberían resolver desde sus propias oficinas. Y existen también quienes parecen más preocupados por conservar espacios políticos que por justificar con resultados su permanencia en ellos.
Un secretario eficiente debería quitarle problemas a la gobernadora, no llevarlos diariamente hasta su escritorio.
Ahí comienza la entropía gubernamental: cuando disminuye la capacidad de iniciativa, la burocracia sustituye a las decisiones, aumentan las reuniones pero escasean las soluciones y la titular del Ejecutivo debe convertirse en bombero permanente de incendios que correspondía apagar a sus colaboradores.
El problema podría complicarse conforme se aproxime 2027. Las aspiraciones electorales inevitablemente comenzarán a aparecer dentro del gabinete. Habrá funcionarios interesados en diputaciones, presidencias municipales u otros espacios. El riesgo surge cuando alguien comienza a desempeñar su responsabilidad pública pensando más en su siguiente cargo que en el actual. Cuando las decisiones administrativas empiezan a calcularse electoralmente, la energía del gobierno comienza a dispersarse.
Margarita González Saravia tendrá entonces que resolver uno de los dilemas clásicos del poder: hasta dónde mantener la confianza en sus colaboradores y en qué momento sustituir a quienes dejaron de responder.
Cambiar funcionarios no necesariamente representa un fracaso. Puede demostrar capacidad de rectificación. El error de muchos gobernantes consiste en sostener demasiado tiempo a colaboradores desgastados porque removerlos parecería admitir una equivocación. Pero el costo de mantenerlos suele ser mayor: llega un momento en que la incompetencia deja de desgastar exclusivamente al funcionario y comienza a desgastar al gobernante que lo mantiene.
Por eso la evaluación del gabinete no debería limitarse a determinar quién trabaja muchas horas, quién aparece más en actos públicos o quién mantiene mayor cercanía con la gobernadora. Las preguntas tendrían que ser otras: ¿quién resuelve?, ¿quién anticipa conflictos?, ¿quién escucha?, ¿quién administra correctamente?, ¿quién ofrece resultados y quién solamente administra problemas?
Todavía existe tiempo para corregir. El gobierno estatal no se encuentra en la recta final del sexenio y precisamente por ello los ajustes realizados oportunamente podrían fortalecerlo. Esperar hasta que los problemas se conviertan en crisis tendría un costo político considerablemente mayor.
La entropía política casi siempre comienza silenciosamente: primero aparecen pequeñas fallas, después las quejas, posteriormente el desgaste y finalmente se instala una percepción social demoledora: “ese funcionario no funciona”.
Cuando semejante percepción se generaliza, deja de importar solamente el nombre del funcionario. La pregunta ciudadana cambia inevitablemente: ¿por qué lo mantienen ahí?
Y entonces el desgaste llega hasta arriba.
La física enseña que los sistemas cerrados tienden a aumentar su entropía. La política ofrece una enseñanza semejante: los gobiernos que no se abren, no escuchan y no corrigen terminan consumiendo su propia energía.
Margarita González Saravia todavía puede impedir que ese desgaste avance.
Habrá que observar quiénes dentro de su gabinete entienden la advertencia.
Y quiénes, creyéndose indispensables, ya alcanzaron su Principio de Peter.
