LA INFILTRACIÓN DEL CRIMEN EN INSTITUCIONES MEXICANAS: LA LECCIÓN QUE MORENA NO PUEDE NI DEBE OLVIDAR

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 6 de mayo de 2026
En alguna columna anterior, que escribí inspirado en el libro Crimen Organizado.org, advertimos cómo la infiltración del narco en las estructuras institucionales mexicanas no fue un accidente, sino el resultado deliberado de décadas de complicidad. Durante el largo reinado del PRIAN, el crimen organizado dejó de ser un enemigo externo para convertirse en un socio silencioso de gobernadores, presidentes municipales, legisladores y hasta fuerzas de seguridad.
Lo que el libro documenta con nombres, fechas y expedientes es precisamente eso: un Estado capturado desde dentro, donde el poder político y el poder criminal se fundieron hasta volverse indistinguibles.
Hoy, esa misma infiltración reaparece como la segunda gran amenaza que enfrenta el movimiento de la Cuarta Transformación. Como señaló con claridad Ricardo Monreal en su columna de Milenio Diario, esta amenaza es más determinante que cualquier otra porque abre la puerta a los “neogolpistas” que operan desde dentro. La nueva presidenta de Morena lo ha dicho sin ambages: el movimiento debe cerrar el paso, sin titubeo alguno, a las candidaturas del crimen organizado. Este fenómeno, propio de la época del Prian, no puede tener cabida en Morena.
La dirigente nacional fue precisa: hay que cortar de tajo con estos perfiles “aunque ganen encuestas”. Y tiene razón. Permitir que el crimen organizado infiltre candidaturas, aunque sea por popularidad momentánea o por control territorial, equivale a traicionar el mandato popular de 2018 y 2024. Morena nació precisamente para romper con esa lógica perversa donde el dinero ilícito compraba impunidad y poder.
Morena puede y debe seguir gobernando y ganando elecciones sin necesidad de vender su alma al diablo. La Cuarta Transformación demostró que era posible separar el poder político del poder económico; ahora tiene la obligación histórica de dar el siguiente paso: separar el poder político del poder criminal. No es una opción, es una necesidad existencial para preservar la soberanía nacional.
Recordar Crimen Organizado.org no es nostalgia ni revanchismo. Es memoria viva. Ese libro desnuda cómo en Morelos, en Guerrero, en Michoacán, en Tamaulipas y en decenas de entidades, el crimen organizado llegó a nombrar secretarios de seguridad, tesoreros municipales y hasta candidatos a diputados. Lo que antes se ocultaba hoy está documentado. Ignorarlo sería condenarnos a repetir la historia.
La derecha internacional y el conservadurismo que hoy arremeten contra México esperan precisamente esto: que Morena flaquee y permita que el crimen regrese por la ventana después de haber sido sacado por la puerta. Cada candidatura contaminada es un regalo para quienes sueñan con restaurar el viejo régimen. Cada omisión es una rendición.
Por eso, la mejor defensa de la soberanía no está en discursos grandilocuentes ni en pactos oscuros. Está en la limpieza interna. Morena debe demostrar que su fuerza no radica en encuestas manipuladas ni en alianzas convenientes, sino en la coherencia ética y en la lealtad a los principios que la fundaron.
Si logran separar el poder político del poder criminal con la misma determinación con la que se separó del poder económico, no solo estarán defendiendo a Morena: estarán defendiendo a México. Esa es la verdadera Cuarta Transformación.
Esa es la lección que Crimen Organizado.org nos dejó y que la nueva dirigencia nacional tiene el deber de convertir en acción inmediata. El tiempo de las medias tintas quedó atrás.
