LA TRAGEDIA DE AYALA Y LA URGENTE NECESIDAD DE ORDENAR LOS GIROS ROJOS EN MORELOS
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 21 de abril de 2026
Este lunes 20 de abril, Morelos amaneció padeciendo todavía la grave resaca generada por la tragedia ocurrida en un bar irregular de Ciudad Ayala, donde ocho personas perdieron la vida en un ataque que expuso, una vez más, las grietas del control gubernamental sobre establecimientos que operan al margen de la ley. El hecho no solo cobró vidas quizás inocentes, sino que encendió las alarmas en redes sociales y portales locales, donde usuarios y medios compartieron imágenes, testimonios y exigencias de justicia. La noticia se viralizó rápidamente, reflejando la angustia ciudadana ante la impunidad que permite que “giros rojos” y “giros negros” funcionen sin licencia, sin vigilancia y, sobre todo, sin responsabilidad.
Ante el escándalo, el gobierno del estado no tardó en reaccionar y pidió de manera inmediata a todos los alcaldes del estado la clausura de bares irregulares. La secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana reforzó los operativos y anunció revisiones exhaustivas, mientras la Secretaría de las Mujeres recordó que Morelos sigue bajo Alerta de Violencia de Género y que estos espacios muchas veces se convierten en focos de riesgo para las mujeres. El mensaje es claro: no se tolerará más la omisión municipal. En Facebook, X y WhatsApp, la ciudadanía aplaudió la medida, pero también cuestionó por qué tuvo que costar ocho vidas para que las autoridades actuaran con la firmeza que siempre se había demandado.
Sin embargo, más allá de las clausuras exprés, el episodio deja al descubierto un problema estructural: la falta de coordinación entre ayuntamientos y las fuerzas federales y estatales de seguridad, así como la corrupción que permite que estos negocios reabran al día siguiente con otro nombre y la cultura de la “mordida” que ha convertido a Morelos en un estado donde la seguridad se negocia en lugar de garantizarse. Mientras el calor agobia y las enfermedades respiratorias aumentan, la verdadera “ola” que azota al estado es la de la violencia descontrolada en lugares que deberían ser de esparcimiento y terminan siendo trampas mortales.
Morelos no puede seguir permitiendo que la tragedia sea el único detonante de la acción. Hoy, cuando la noticia de Ayala circula en cada sitio web y grupos de vecinos, es momento de exigir que las clausuras no sean solo un spot mediático, sino el inicio de un verdadero reordenamiento. Los morelenses merecemos ciudades seguras, alcaldes responsables y un estado donde el entretenimiento no se pague con sangre. La bola está en la cancha de los municipios: que esta vez sí actúen, antes de que otro lunes nos despierte con otra cifra dolorosa. Por cierto, es urgente la aplicación de la ley a la presidenta municipal de Ciudad Ayala, pues su negligencia y omisiones son evidentes en torno a la operación irregular, pero encubierta, del antro donde sucedieron los asesinatos.
