LOS CUATRO PILARES DEL SISTEMA DE SEGURIDAD: LA CORRUPCIÓN EN LOS PENALES DE MORELOS AMENAZA TODO EL EDIFICIO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 15 de abril de 2026
Un sistema integral de seguridad pública debe sostenerse, como un templo firme, sobre cuatro pilares fundamentales: la prevención y disuasión del delito con policías estatales y municipales capaces de responder con rapidez y eficacia; la persecución e investigación rigurosa a cargo del Ministerio Público y las instancias periciales; la administración de justicia por jueces honestos y eficientes; y, finalmente, la readaptación social mediante centros penitenciarios modernos que realmente reintegren a los procesados y sentenciados a la vida productiva.
Estos cuatro ejes no son opcionales ni independientes: cada uno es indispensable para el funcionamiento del conjunto. Si uno solo de ellos falla, todo el sistema se derrumba. Esa es la dura realidad que enfrentan los morelenses.
Lamentablemente, en nuestro estado las cuatro columnas presentan grietas profundas y, en proporciones distintas, han fallado de manera rotunda. La prevención es débil, la investigación tropieza con obstáculos, la impartición de justicia avanza con lentitud y, sobre todo, la readaptación social se convirtió en un espacio donde, en lugar de corregir conductas, se incuban nuevos delitos.
Precisamente por eso resulta tan grave el boletín emitido por el gobierno estatal sobre los operativos interinstitucionales en los cinco Centros de Reinserción Social. Derivado de la Estrategia Nacional contra la Extorsión y de la nueva Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar los Delitos en Materia de Extorsión, las autoridades realizaron revisiones coordinadas para impedir la introducción de celulares usados en ese flagelo. El resultado fue el aseguramiento de cinco custodios del CRS de Atlacholoaya cuando ingresaban a laborar.
A los elementos Aldo Jocsan “N”, Jesús “N”, Camilo “N”, Miguel Ángel “N” y Juan Jesús “N” les fueron encontrados cuatro teléfonos celulares, 110 chips de distintas compañías, accesorios y un kit de reparación, 1.024 kilogramos de sustancia similar al cristal, tres cuchillos tácticos y dos botellas de bebidas alcohólicas. Todo fue puesto a disposición de la Fiscalía Descentralizada de Asuntos Internos de la FGE y de la FGR en Cuernavaca para las investigaciones correspondientes.
Lo más alarmante no es solo el hallazgo en sí, sino el lugar donde ocurrió: el corazón mismo del cuarto pilar, el espacio que debería estar dedicado a la reinserción social. En vez de ser un centro de corrección y dignificación, los penales de Morelos se han convertido en un mercado negro donde custodios introducen herramientas para la extorsión, la delincuencia organizada y el consumo de drogas. La corrupción no solo persiste; se ha institucionalizado dentro de las mismas instituciones encargadas de combatirla.
La gobernadora Margarita González Saravia ha reiterado su compromiso con la dignificación policial, el combate a la corrupción y la cero impunidad en el sistema penitenciario. Sin embargo, hechos como este demuestran que los operativos aislados, por necesarios que sean, no bastan si no van acompañados de una transformación estructural profunda. Mientras los custodios sigan siendo parte del problema, la readaptación social seguirá siendo una promesa incumplida.
Morelos necesita con urgencia que los cuatro pilares se fortalezcan simultáneamente. Mientras el cuarto pilar se desmorone por la corrupción interna, el delito seguirá reproduciéndose dentro y fuera de los muros penitenciarios.
La sociedad morelense exige resultados concretos, no solo comunicados. Es hora de pasar de los operativos a una verdadera reforma que devuelva al sistema de justicia su función esencial: prevenir, castigar y, sobre todo, reintegrar.
