MARGARITA MUESTRA LA CARA… MIENTRAS LOS CAUSANTES DEL DESASTRE TRANSPORTERIL VIAJAN EN PRIMERA
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 14 de mayo de 2026
Una vez más, los ruteros de Cuernavaca se salieron con la suya. Dagoberto Rivera Jaimes, de la Federación Auténtica del Transporte, y Aurelio Carmona Sandoval, de Rutas Unidas de Cuernavaca, volvieron a demostrar que son los verdaderos dueños del volante en Morelos. En Palacio de Gobierno, la gobernadora Margarita González Saravia Calderón anunció un incremento del 30 por ciento en la tarifa mínima del transporte público, que pasará de 10 a 13 pesos a partir del 1 de julio, justo en plena fiebre del Campeonato Mundial de Fútbol.
Los mismos líderes que, con gobernadores anteriores, se acomodaron en los cuernos de la luna obteniendo concesiones, prebendas y rutas exclusivas, ahora repiten la jugada con los mecanismos de presión que ya conocemos de sobra: paros, plantones y amenazas descaradas. Y el gobierno termina cediendo.
La gobernadora intentó dulcificar el golpe con un anuncio posterior: transporte gratuito para personas con discapacidad, estudiantes de bachillerato y superior, y adultos mayores. Bonito gesto, sin duda, pero pagado con el dinero de todos los morelenses. El Estado se comprometió a subsidiar a los transportistas para cubrir ese “beneficio”. Ahí está el truco: los mismos que exigen más tarifas ahora recibirán un cheque del erario para no perder ni un centavo. Mientras los usuarios pagan más, los concesionarios no solo mantienen sus ganancias, sino que además obtienen un subsidio que nadie ha cuantificado todavía. Justo cuando el horno no está para bollos en las finanzas públicas morelenses.
Y aquí empiezan las preguntas incómodas que nadie en el gobierno quisiera responder. ¿Cómo ajustará la gobernadora el Presupuesto de Egresos para financiar este nuevo subsidio? ¿Qué rubros va a recortar, porque la cobija ya no da para más? ¿Cuál será el monto exacto del subsidio y, sobre todo, cómo se distribuirán los recursos entre los concesionarios? Porque no todas las unidades cuentan con dispositivos electrónicos que registren el número real de pasajeros. Entonces, ¿cómo se sabrá cuánto dinero le corresponde a cada uno? ¿Se basarán en la palabra de honor de los mismos que llevan décadas inflando cifras y evadiendo controles?
Lo más grave es que este tipo de acuerdos se cocinan a puerta cerrada entre el Ejecutivo y los dirigentes de las rutas, mientras los diputados locales podrían aparecer después para firmar las reformas al presupuesto. Se prevé que en los próximos días se realicen reuniones para “analizar” los cambios. Traducción: para aprobar lo que ya está decidido.
Los ruteros no negocian, imponen. Y el gobierno, en lugar de regular un servicio público esencial, termina actuando como cajero automático de dos grupos de presión que han convertido el transporte en su feudo particular.
Al final, los morelenses de a pie pagarán la cuenta dos veces: con la tarifa más cara y con impuestos que se desviarán para engordar los bolsillos de quienes ya viven de las concesiones. Dagoberto Rivera y Aurelio Carmona pueden celebrar. Otra vez ganaron. La gobernadora habla de “diálogo”. Pero eso no lo conocen ni forma parte del ADN de los multicitados líderes transporteriles. Son gángsteres. Y los ciudadanos, como siempre, nos quedamos con el aumento y la incertidumbre de saber si este subsidio será transparente o simplemente otra forma elegante de seguir financiando el mismo viejo negocio.
En medio de la polémica, hay que reconocerle a la gobernadora Margarita González Saravia Calderón un gesto de responsabilidad y valor político que pocos mandatarios han tenido en Morelos: mostró la cara. Fue ella quien, en Palacio de Gobierno y ante los reflectores, anunció el incremento tarifario y el subsidio, asumiendo en primera persona las consecuencias de una decisión impopular. Sin embargo, resulta indignante que, como invitados especiales en ese mismo acto, estuvieran sentados precisamente los principales causantes de la debacle del transporte público en Cuernavaca y otras regiones: Dagoberto Rivera Jaimes y Aurelio Carmona Sandoval. Los mismos que durante años han convertido el servicio en un negocio privado, con rutas mal atendidas, unidades en mal estado y presiones permanentes, ahora aparecen como interlocutores privilegiados mientras la mandataria carga con el costo político de fracasos históricos ajenos a ella. Y me parece que en este berenjenal la dejaron sola.
