MICHAEL: EL REY DEL POP Y LA CADENA ETERNA DE LEYENDAS QUE NO MUEREN
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 11 de mayo de 2026
Pocas veces abandono la trinchera de la política para hablar de cine. Pero cuando una película como Michael llega a los cines de Cuernavaca, y lo hace con la fuerza de un huracán cultural, vale la pena el desvío.
Estrenada en México el 22 de abril de 2026 y aún en cartelera (yo la vi en Cinemex Bugambilias), esta biopic dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Jaafar Jackson —el propio sobrino de Michael— es mucho más que un tributo: es un recordatorio de por qué ciertas figuras trascienden su época y se convierten en parte del imaginario colectivo mundial, incluso décadas después de su muerte.
La película no pretende contarlo todo. Se concentra en el ascenso de Michael desde los Jackson 5 en Gary, Indiana, hasta su explosión como solista en los ochenta, culminando con la gira Bad. Ahí está el genio: los ensayos interminables bajo la vara estricta de Joseph Jackson (un Colman Domingo imponente), la ruptura familiar hacia la independencia creativa y, sobre todo, las recreaciones de sus números icónicos.
Jaafar Jackson no imita; encarna. Su voz, sus movimientos, esa mezcla de vulnerabilidad infantil y perfeccionismo feroz son tan precisos que, en la sala oscura, muchos adultos mayores —los que vivieron el furor de Thriller, el moonwalk en el Motown 25 o el video de Beat It— se emocionan visiblemente. Es como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos años ochenta previos a 2009, cuando Michael era el rey indiscutible del pop global.
Y aquí viene la belleza de Michael: no está sola. Forma parte de una cadena de leyendas internacionales que, como Elvis Presley, The Beatles, Frank Sinatra y Freddie Mercury con Queen, siguen vivas en el primer plano del imaginario colectivo mucho después de su partida. Elvis fue el pionero que electrificó al mundo en los cincuenta con su rock ‘n’ roll sensual y rebelde; décadas después de 1977, Graceland sigue siendo una meca y sus impersonadores pueblan el planeta. Los Beatles, con su Beatlemania de los sesenta, inventaron la banda moderna y la histeria global; su música y su legado cultural siguen sonando en todas las generaciones. Sinatra, el crooner elegante de los cuarenta y cincuenta, representó el swing sofisticado y el carisma eterno; sus estándares siguen siendo banda sonora de la madurez. Freddie Mercury y Queen, en los setenta y ochenta, elevaron el rock a ópera teatral con himnos como Bohemian Rhapsody; 35 años después de la muerte de Freddie, sus conciertos llenan estadios y el biopic Bohemian Rhapsody revivió esa magia.
Michael Jackson fue el eslabón perfecto y el siguiente nivel. Heredero de ese linaje de showmen absolutos, tomó el espectáculo, la innovación y la ambición de todos ellos y lo llevó a una escala planetaria nunca vista: videos que eran películas, coreografías que cambiaron la danza pop y una presencia que unió continentes.
Michael captura precisamente eso: no solo al artista, sino al fenómeno cultural que sigue latiendo. Por eso emociona tanto a quienes lo vivieron en vivo en los ochenta. Es nostalgia, sí, pero también orgullo colectivo: “Ese era nuestro tiempo, y sigue siendo nuestro”.
La producción es excelente: montaje dinámico, fotografía vibrante (gracias al director de fotografía Dion Beebe) y una banda sonora que usa los originales para que cada performance se sienta auténtica. No es un biopic oscuro ni sensacionalista; es un homenaje familiar, luminoso y espectacular, como debe ser un tributo al Rey del Pop. En un mundo saturado de polarización, Michael nos regala dos horas de pura evasión elevada: arte, talento y emoción sin filtros.
Si estás en Cuernavaca y otros sitios de Morelos, no la dejes pasar. Lleva a tus padres, a tus tíos, a quien vivió esos ochenta dorados. Saldrán del cine tarareando Billie Jean o Smooth Criminal, con el corazón lleno y la certeza de que las verdaderas leyendas —Elvis, los Beatles, Sinatra, Queen, Michael— no mueren. Solo esperan la siguiente generación que las redescubra en la pantalla grande.
