MORELOS FORMA PROFESIONISTAS… PARA QUE OTROS APROVECHEN SU TALENTO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 20 de octubre de 2026
Morelos tiene una paradoja que debería preocupar tanto a sus autoridades como a sus empresarios y universidades: forma profesionistas, pero no genera suficientes oportunidades laborales bien remuneradas para aprovechar su talento. Cada año, miles de jóvenes egresan de las instituciones de educación superior con una carrera terminada, conocimientos especializados y aspiraciones legítimas de prosperidad. Sin embargo, muchos descubren que el mercado laboral morelense no está preparado para ofrecerles empleos acordes con su profesión. Entonces aparecen tres alternativas: aceptar salarios inferiores a sus expectativas, buscar oportunidades en otras entidades o incorporarse a actividades que poco tienen que ver con lo que estudiaron.
Las cifras ayudan a comprender la dimensión del problema. De acuerdo con datos del Observatorio Laboral correspondientes al segundo trimestre de 2026, en Morelos había aproximadamente 117 mil 535 profesionistas ocupados, con ingresos promedio mensuales cercanos a 14 mil 196 pesos, mientras el promedio nacional rondaba los 19 mil 494 pesos. Es decir, un profesionista morelense percibe, en promedio, alrededor de cinco mil 300 pesos menos al mes que la referencia nacional. Desde luego, existen diferencias entre carreras, sectores y niveles de experiencia, pero la brecha resulta suficientemente significativa para preguntarnos qué está fallando en nuestra estructura económica.
Y resulta todavía más contradictorio cuando recordamos que Morelos cuenta con instituciones de educación superior, centros de investigación y una importante comunidad científica. La Universidad Autónoma del Estado de Morelos, los institutos tecnológicos y diversas universidades públicas y privadas forman generaciones de profesionistas, mientras centros especializados producen conocimiento en áreas estratégicas. No obstante, la existencia de capital humano altamente preparado no garantiza, por sí misma, una economía capaz de absorberlo. Hace falta atraer empresas que demanden conocimientos especializados, fortalecer la vinculación entre academia e industria, estimular el emprendimiento tecnológico y construir condiciones de competitividad que vayan más allá de las buenas intenciones gubernamentales.
El problema tampoco puede reducirse a una discusión salarial. Cuando un joven invierte cuatro o cinco años en una licenciatura y descubre que sus posibilidades de crecimiento profesional son limitadas, se produce una frustración que repercute en su familia y en la sociedad. Algunos terminan trasladándose diariamente a la Ciudad de México; otros deciden establecerse definitivamente fuera de Morelos y no pocos aceptan empleos ajenos a su formación. Sería necesario medir con precisión cuántos profesionistas emigran por razones laborales, pero el fenómeno merece atención desde ahora. Cada talento que encuentra mejores oportunidades fuera de nuestra entidad representa también una posibilidad de desarrollo económico que Morelos no consiguió aprovechar.
Estamos entrando de lleno en la competencia política rumbo a 2027 y pronto escucharemos innumerables promesas sobre el futuro de los jóvenes. Ojalá que entre tantas aspiraciones electorales aparezcan propuestas serias para transformar la estructura productiva de Morelos, atraer inversiones de mayor valor agregado y mejorar los ingresos de quienes estudian y trabajan. Porque no basta con presumir nuevas carreras universitarias, entregar títulos profesionales o multiplicar ceremonias de graduación. El verdadero éxito de una política educativa también debe medirse por las oportunidades que encuentran sus egresados. Y mientras Morelos siga formando talento que otros estados aprovechan mejor, estaremos subsidiando, con el esfuerzo de nuestras familias y universidades, una prosperidad que termina floreciendo fuera de casa.
