TEMOAC: CUANDO EL CRIMEN SE SIENTA EN LA SILLA DEL PODER LOCAL
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 28 de julio de 2026
La detención de Marisol Romero Zamora, esposa del malogrado alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, y de Geovany Emmanuel González Morellano, quien fungía como director de Seguridad Pública y Tránsito municipal, no es un episodio aislado ni una simple secuela del asesinato del edil ocurrido el 22 de julio. Ambos fueron aprehendidos por presuntos delitos de extorsión y otros de alto impacto, en un municipio donde la familia política y los mandos de seguridad parecen haber convivido demasiado cerca con células delictivas. No se descarta que estuvieran implicados en el homicidio.
El propio Lavín Romero, según reconoció Omar García Harfuch, ya era investigado por posibles nexos con grupos como “Los Aparicio” y “Los Huazulco”.
El panorama que deja Temoac es desolador: el poder municipal convertido en botín y en trinchera. Durante décadas, la llamada “célula básica del sistema político mexicano” —el municipio— ha sido infiltrada, cooptada y, en no pocos casos, secuestrada por organizaciones criminales. No se trata de una exageración periodística: donde uno voltee a ver, la historia se repite con variaciones locales.
El ayuntamiento controla policía, recursos, permisos y territorio; por eso el crimen organizado lo disputa con saña. Lo que ocurre en Temoac es apenas el capítulo más reciente de un patrón que ha corroído la legitimidad de la autoridad más cercana al ciudadano.
En Morelos el problema es especialmente visible. Municipios como Atlatlahucan, Cuautla y Yecapixtla han visto a sus presidentes municipales o exediles señalados de nexos con células delictivas. Omar García Harfuch, titular de la SSPC, lo ha dicho en conferencias de prensa: varios alcaldes morelenses han estado o están bajo la lupa de las autoridades federales, y la Fiscalía General de la República pudiera estar investigando a más de uno.
La Operación Enjambre ha dejado ya un saldo de funcionarios y ediles detenidos, prueba de que el fenómeno no es nuevo ni anecdótico. Sin embargo, respecto a quienes pudieran estar siendo investigados, esperemos que no se aplique el cuento de “ahí viene el coco y te comerá”.
Las denuncias y los operativos deben traducirse en investigaciones sólidas, con pruebas, debido proceso y resultados concretos, no en simples anuncios que asusten temporalmente y luego se diluyan. Porque si la infiltración criminal de la célula básica se combate solo con titulares y amenazas difusas, el crimen seguirá ocupando las sillas que deberían servir a la ciudadanía.
