28 AÑOS DE IMPUNIDAD: EL VERDUGO QUE LA JUSTICIA OLVIDÓ A PROPÓSITO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Jueves 13 de agosto de 2026
E D I T O R I A L
Qué cinismo el de un sistema que se atreve a llamar “justicia” a la detención de un exagente de la Procuraduría 28 años después de haber destrozado la vida de María Luisa Villanueva. José Guadalupe, ese torturador del grupo antisecuestros que en 1998 la secuestró, la violó, la golpeó, la privó de agua y comida y la obligó a confesar un delito que nunca cometió, ahora es “asegurado” en Cuautla como si se tratara de un logro histórico. No lo es. Es la confesión vergonzosa de que en Morelos la impunidad no es un accidente: es política de Estado. Mientras este sujeto caminaba libre, ella vio podridos 25 años de su existencia en Atlacholoaya por una sentencia fabricada con sangre y terror.
La Fiscalía se permite ahora el lujo de ejecutar una orden de aprehensión por tortura —la primera en 15 años— como si mereciera aplausos. ¡Qué descaro! Después de que el Protocolo de Estambul documentó las secuelas, después de la disculpa pública de 2025 que reconoció la fabricación del delito y la dilación deliberada, después de que María Luisa tuvo que amarrarse a la estatua de Themis y declararse en huelga de hambre para que alguien la mirara, recién ahora aparece este esbirro.
¿Dónde estaban los fiscales cuando el expediente se pudría? ¿Quién protegió a los verdugos todo este tiempo? La respuesta es obvia: el mismo aparato que prefiere castigar a las víctimas antes que tocar a sus propios sicarios.
María Luisa no necesita esta detención tardía para saber que es inocente. Lo sabe desde los cuatro días de horror en aquella casa de seguridad, desde que le amenazaron con asesinar a sus hijos, desde que firmó papeles con el cuerpo destrozado. Lo que necesita es que el Tribunal Superior de Justicia deje de revictimizarla y anule de una vez la sentencia podrida que aún mancha su nombre.
Mientras los magistrados se hacen los ciegos, la detención de un solo torturador suena a teatro barato: un sacrificio menor para lavar la cara de una institución que sigue protegiendo a los demás responsables.
La justicia que llega casi tres décadas después no es justicia: es una bofetada. Es el Estado admitiendo, a regañadientes y tarde, que permitió el crimen, lo encubrió y lo premió con impunidad. Que José Guadalupe rinda cuentas no repara ni un segundo del infierno que le infligieron a María Luisa. Solo confirma que en Morelos los verdugos duermen tranquilos durante generaciones… hasta que la presión mediática los obliga a despertar. Vergüenza eterna para quienes miraron hacia otro lado.
