EL PILATO DE CUERNAVACA: URIÓSTEGUI ESCURRE EL BULTO MIENTRAS LA CIUDAD SANGRA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 16 de abril de 2026
Cuernavaca vive un terror diario que ya no se disimula. El asalto masivo de este martes en el estacionamiento de Walmart, con atracadores actuando con total impunidad y dejando a una persona herida de bala en estado delicado, es solo el reciente capítulo de una ola de violencia que incluye balaceras, extorsiones y robos a plena luz del día. Los cuernavacenses ya no salen a comprar con tranquilidad; salen con miedo. Y ese miedo se ha instalado como el nuevo paisaje urbano de la “Ciudad de la Eterna Primavera”.
Ante este desafío directo a la SEPRAC y a la autoridad municipal, el alcalde José Luis Urióstegui Salgado recurrió, una vez más, a su discurso favorito: lavarse las manos. En lugar de asumir la responsabilidad de la seguridad pública, echó la culpa a los propietarios y directivos de los centros comerciales. Según él, los asaltos ocurren porque ellos “no contratan o no mejoran sus sistemas privados de seguridad”. Como si la protección de los ciudadanos en la vía pública y sus estacionamientos fuera un asunto exclusivo de los empresarios y no del gobierno que cobra impuestos para garantizarla.
Esta actitud no solo es políticamente cómoda, sino que puede rayar en una omisión culpable. Según el artículo 115 constitucional y las leyes de seguridad pública, los presidentes municipales tienen el deber de garantizar la seguridad de las personas y sus bienes en el territorio municipal. Cuando un funcionario, en posición de garante, se abstiene sistemáticamente de tomar medidas efectivas de prevención y despliegue policial, y además deslinda públicamente su responsabilidad, su inacción equivale a una comisión por omisión (omisión impropia). En términos de la Ley General de Responsabilidades Administrativas, esto puede configurar una falta grave por negligencia o abandono de funciones. Por eso se cayó un gobernador en 1998.
Esto no es más que escurrir el bulto, una expresión coloquial que significa eludir o esquivar una obligación, un riesgo o un compromiso. Proviene del mundo taurino, donde el torero “escurría el bulto” para evitar la embestida del toro. En la vida real, equivale a pasar la pelota, hacerse el desentendido y dejar que otros carguen con el problema. JLUS no es el primero en hacerlo, pero en Cuernavaca duele especialmente porque la ciudad ya no tolera más evasivas.
Y al recordar que “se lavó las manos”, el paralelismo con Poncio Pilato es inevitable. En el Evangelio de Mateo (27:24), el prefecto romano tomó agua, se lavó las manos delante del pueblo y declaró: “Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. Con ese gesto simbólico, Pilato pretendió quedar limpio de culpa. Hoy, cuando un funcionario público repite la maniobra, todos entendemos lo que significa: desentenderse de su deber para no asumir las consecuencias. Aquí es necesario recordar la postura asumida por el edil en torno al desplome del puente colgante en el Paseo Ribereño. Es lo mismo. El fondo estriba en que un servidor público evade o pretende evadir su responsabilidad moral o política.
Mientras tanto, a la basura se van los esfuerzos de promoción turística y atracción de inversiones de Daniel Altafi, Víctor Sánchez Trujillo y Marcos Manuel Suárez Gerard, responsables de la promoción turística y de inversiones a nivel estatal y municipal. Cuernavaca sigue siendo la tarjeta de presentación de Morelos, y cuando la capital se tiñe de balas e impunidad, todo el estado pierde.
Ya no bastan cambios de nombre en las secretarías ni discursos. La ciudadanía exige resultados, no excusas. Porque una ciudad que escurre el bulto termina por perderlo todo.
