LA TEORÍA DE JUEGOS EN LA UAEM: MIDIENDO LA INTENSIDAD DE LA RESISTENCIA ESTUDIANTIL Y LA RECTORÍA
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 16 de abril de 2026
La Teoría de Juegos es una rama de las matemáticas y la economía que estudia las interacciones estratégicas entre agentes racionales, donde el resultado de cada uno depende no solo de sus propias decisiones, sino también de las acciones de los demás. En situaciones de conflicto o negociación, como el actual en la UAEM, permite modelar cómo los jugadores eligen estrategias —cooperativas o competitivas— para maximizar su utilidad, considerando las posibles respuestas del oponente. Se utilizan conceptos clave como el equilibrio de Nash, donde ninguna parte tiene incentivo para cambiar unilateralmente su estrategia, y estrategias mixtas que incorporan probabilidades de acción.
En el marco de la Teoría de Juegos, el conflicto entre la Resistencia Estudiantil de la UAEM y la Rectoría puede modelarse como un juego no cooperativo de negociación repetida, similar al “juego del pollo” o un dilema del prisionero dinámico, donde cada parte elige entre estrategias de “resistencia firme” o “concesión parcial”. La intensidad del movimiento estudiantil se mide por el valor esperado de su estrategia mixta en el equilibrio de Nash: es decir, la probabilidad que asignan a mantener la ocupación de instalaciones (como el Campus Chamilpa desde el 2 de marzo de 2026) frente a la flexibilidad en las mesas de diálogo. Esta intensidad se infiere empíricamente del costo que están dispuestos a asumir —pérdida de semestre, apoyo de padres de familia y rechazo a propuestas de clases virtuales o presenciales— y del umbral de demandas irrenunciables, como medidas concretas de seguridad (cámaras, luminarias y control de acceso). Cuanto mayor sea la consistencia entre sus acciones y su pliego petitorio, mayor es su “poder de compromiso” en el juego.
La Rectoría, por su parte, revela su intensidad a través del valor que otorga a su estrategia de “continuidad académica” versus “concesiones de seguridad”. En términos de Teoría de Juegos, se calcula observando la frecuencia y profundidad de sus respuestas en las mesas de diálogo —tres hasta ahora— y el grado en que implementa o dilata compromisos firmados. Su intensidad es alta cuando prioriza la autonomía universitaria y el calendario escolar sobre las exigencias estudiantiles, pero baja si las amenazas de hostigamiento académico (como exámenes extraordinarios) o la firma de planes de seguridad con el gobierno estatal se perciben como señales de debilidad estratégica. El equilibrio se alcanza cuando el costo marginal de prolongar el conflicto (pérdida de confianza comunitaria y parálisis institucional) iguala el beneficio de ceder.
Ambas intensidades no son estáticas: se actualizan en cada ronda de interacción. La Resistencia Estudiantil ha demostrado una intensidad sostenida al condicionar el retorno a clases a garantías mínimas de seguridad, respaldada por padres y rechazos colectivos a planes de continuidad académica. La Rectoría, en cambio, proyecta una intensidad reactiva, ordenando investigaciones a docentes y proponiendo diálogos sin intervención externa, pero sin avances visibles que disuadan la ocupación. Esta asimetría de información —dónde cada actor valora realmente el “semestre perdido” frente a la “vida en riesgo”-, es lo que impide un equilibrio.
Solo cuando la Teoría de Juegos se aplique no como retórica, sino como herramienta de diagnóstico transparente —con indicadores públicos de costos y probabilidades estratégicas—, la UAEM podrá salir del estancamiento.
La comunidad universitaria merece un desenlace donde la intensidad de la Resistencia se traduzca en seguridad real y la de la Rectoría en liderazgo efectivo, no en un empate que erosione la esencia misma de la educación superior en Morelos. El siguiente movimiento definirá si este juego termina en cooperación o en una derrota compartida.
