YAUTEPEC BAJO FUEGO: EL FRACASO DE UNA DINASTÍA Y EL DESAFÍO A LA ESTRATEGIA ESTATAL DE SEGURIDAD
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 1 de julio de 2026
Una verbena popular en Rancho Nuevo, Yautepec, terminó convertida en escena de horror. Tres personas muertas y nueve heridas de bala, según la Fiscalía de Morelos. Entre las víctimas mortales se encuentra Miguel Ángel Tijera, asistente del diputado federal Agustín Alonso, y resultó herida su esposa Sandy Fernández, aspirante a la presidencia municipal por el partido Morena. Dos personas más fueron asesinadas.
Lo que debía ser una fiesta comunitaria se transformó en un baño de sangre que desnuda, una vez más, los vaivenes de la seguridad en Morelos.
Este ataque no es un incidente aislado, sino el resultado previsible de años de una zona criminógena donde el control territorial se disputa a balazos. Yautepec lleva lustros bajo la influencia de la familia Alonso, que ha gobernado el municipio en tres periodos, incluyendo el actual con Eder Alonso Gutiérrez al frente. Lejos de consolidar paz y orden, su prolongada presencia ha coincidido con la consolidación de grupos delictivos que operan con impunidad en colonias y ejidos. La cercanía de las víctimas con figuras políticas locales solo subraya cómo la violencia ya no distingue entre ciudadanos comunes y entornos de poder. Bien harían las autoridades federales en aplicar el Operativo Enjambre en esa localidad. Brotaría la podredumbre.
El gobierno estatal enfrenta aquí un desafío frontal a su estrategia de seguridad. Anuncios de coordinación, inteligencia y despliegues preventivos se estrellan contra la realidad de un municipio donde las balas siguen marcando el ritmo de la vida cotidiana. Si ni siquiera en eventos masivos y en un municipio “controlado” políticamente por años se puede garantizar la integridad de la población, ¿qué queda para las demás regiones? Este episodio exige revisar de fondo alianzas, omisiones y la supuesta gobernabilidad que solo parece existir en los discursos oficiales.
Yautepec merece algo mejor que convertirse en sinónimo de tragedia recurrente. Es hora de romper con los círculos de poder que se eternizan sin entregar resultados tangibles en seguridad. La ciudadanía no puede seguir pagando con sangre la ineficacia de un modelo que ha fracasado una y otra vez. Exigir cuentas no es opción, es urgencia.
