CUERNAVACA 2027: LOS DOLORES DE CABEZA QUE YA SE ASOMAN EN EL HORIZONTE ELECTORAL
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 12 de agosto de 2026
Aunque a José Luis Urióstegui todavía le queda bastante camino por recorrer al frente del Ayuntamiento de Cuernavaca, la realidad es que el reloj político ya empezó a correr. Pronto, el propio alcalde deberá definir si participa o no en los inminentes comicios.
El proceso electoral constitucional arrancará el próximo 10 de septiembre (apenas dentro de 30 días), y la elección del nuevo alcalde será el 6 de junio de 2027. Para entonces, varios partidos ya habrán definido a sus aspirantes entre noviembre y diciembre de este año, aunque el registro oficial de candidaturas no llegue sino hasta la segunda quincena de marzo.
En otras palabras: mientras la actual administración sigue gestionando el día a día, la ciudad ya está —aunque no lo diga en voz alta— mirando hacia quién heredará sus problemas más enquistados.
Y esos problemas no son pocos ni menores. Estos son los más presentes y persistentes (muchos de ellos verdaderos agravios urbanos) que la próxima administración municipal tendrá que enfrentar sí o sí:
Inseguridad pública y percepción de inseguridad. La percepción de inseguridad se mantiene muy elevada: alrededor del 80-84por ciento de la población adulta consideró inseguro vivir en la ciudad en trimestres de 2025 y 2026. Hay homicidios, ataques armados (como los ocurridos en bares de la colonia Altavista), robos de vehículos, asaltos, extorsiones y violencia relacionada con giros negros. Se suman fallas de control municipal sobre establecimientos ilegales (bares clandestinos, licencias irregulares o apócrifas) y acusaciones de corrupción en verificaciones.
Crisis del agua potable (desabasto, fugas y red deteriorada). El suministro es irregular: tandeos deficientes, baja presión y colonias que pasan días o meses sin servicio. Se estima que hasta el 60por ciento del agua se pierde por fugas en una red antigua y sobrecargada; se han reportado decenas de fugas persistentes agravadas por tanques elevados y falta de mantenimiento integral. El Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) enfrenta problemas financieros, operativos y laborales que agravan la situación.
Deterioro de infraestructura vial (“Cuernabaches”) y obras de mala calidad. Los baches y el pavimento de baja calidad son un agravio urbano recurrente y altamente visible. Calles recién intervenidas se deterioran rápido (especialmente con lluvias), generan daños a vehículos, riesgos para peatones y caos. Hay quejas constantes por obras deficientes, falta de supervisión y planeación (incluye drenajes y banquetas).
Deficiente recolección y manejo de basura. A pesar de costos elevados (centenas de millones de pesos anuales a empresas recolectoras), persisten puntos rojos de acumulación, basura en calles, camellones y barrancas, y saturación de alcantarillas. Esto afecta la imagen urbana, la salud y agrava inundaciones. Autoridades y ciudadanos se culpan mutuamente, y el servicio no logra cobertura ni disciplina efectiva.
Problemas de movilidad, tráfico y transporte público. Congestionamientos crónicos, crecimiento del parque vehicular sin infraestructura suficiente, bloqueos frecuentes (por transportistas u otras protestas) y un sistema de transporte público con unidades en mal estado, cobros indebidos, manejo temerario y quejas masivas. Los accidentes (especialmente de motociclistas) son relevantes.
Ambulantaje y desorden del espacio público. Invasión de calles, banquetas y zonas céntricas por comercio informal, que desplaza al comercio formal y deja mercados municipales semivacíos y deteriorados. Falta una estrategia clara y sostenida de reordenamiento.
Otros agravios urbanos y de servicios básicos vinculados:
Alumbrado público insuficiente: Contribuye a la percepción de inseguridad (“ciudad a oscuras” en varias zonas).
Drenaje, inundaciones y fragilidad ante lluvias: Alcantarillas obstruidas (por basura), redes antiguas y urbanización desordenada generan anegamientos frecuentes y daños a viviendas e infraestructura reciente.
Planeación urbana deficiente y crecimiento desordenado: Asentamientos irregulares, falta de certeza en la tenencia de la tierra, deterioro ambiental (barrancas, áreas verdes escasas) y zonas de riesgo.
Calidad y transparencia de la obra pública y gobernanza: Obras incompletas o deficientes, acusaciones de opacidad, corrupción en permisos y tensiones internas en el Ayuntamiento que limitan la eficacia.
Estos problemas están profundamente interconectados. La basura tapa el drenaje y provoca inundaciones; la inseguridad y el desorden urbano ahuyentan inversión y turismo; las obras mal hechas se convierten en nuevos baches en cuestión de meses. Muchos de ellos llevan décadas acumulándose y han superado los esfuerzos aislados de varias administraciones.
Quien gane en 2027 no solo heredará la silla, sino una ciudad que exige soluciones de fondo: infraestructura hidráulica y vial de verdad, seguridad profesional, reordenamiento urbano serio, un SAPAC saneado y, sobre todo, transparencia y visión metropolitana. El presupuesto será limitado y las expectativas ciudadanas, muy altas.
