Transporte bajo la ley del más fuerte: inseguridad e informalidad rebasan el control en municipios de Morelos
CUERNAVACA, Mor.— Mientras las autoridades hablan de ordenar y modernizar la movilidad en Morelos, en varios municipios la realidad parece avanzar en sentido contrario.
En Coatetelco, usuarios denunciaron incrementos unilaterales en las tarifas de mototaxis, mientras en Cuautla la Ruta 11 apenas pudo regresar a las calles después de una interrupción relacionada con problemas de seguridad. Son acontecimientos distintos, pero juntos exhiben un problema mayor: cuando el transporte queda atrapado entre informalidad, decisiones tomadas al margen de la autoridad y amenazas de la delincuencia, quien termina pagando —literalmente— es el usuario.
El caso de Cuautla resulta particularmente delicado. Que una ruta pueda suspender operaciones por condiciones de inseguridad significa que la delincuencia ya no afecta solamente a víctimas individuales: puede alterar un servicio público indispensable y modificar la movilidad cotidiana de una ciudad.
En Coatetelco, mientras tanto, la inconformidad por tarifas de mototaxis vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién determina realmente cuánto cuesta trasladarse cuando existen modalidades de transporte cuya regulación y supervisión siguen siendo insuficientes?
Los dos casos deberían encender alertas en la Coordinación General de Movilidad y Transporte.
Morelos corre el riesgo de acostumbrarse a que en algunos municipios el transporte funcione según las condiciones que imponen transportistas, informalidad o delincuencia, en lugar de reglas claras establecidas por el Estado. Porque cuando una tarifa puede modificarse unilateralmente o una ruta deja de circular por miedo, el problema dejó de ser exclusivamente de movilidad: es una señal de pérdida de autoridad sobre las calles y sobre un servicio del que dependen diariamente miles de morelenses.
