LA CRÍTICA NO SIEMPRE ES CONSPIRACIÓN
LA CRÓNICA DE MORELOS
Miércoles 26 de agosto de 2026
E D I T O R I A L
La columna de la gobernadora Margarita González Saravia, publicada el lunes 24 de agosto por La Jornada Morelos con el título “Monitor Morelos: los ataques miedáticos de la derecha raspan, pero no destruyen”, tiene un propósito político evidente: defender a Claudia Sheinbaum, a López Obrador, a sus familiares y a los gobiernos de Morena frente a lo que considera una ofensiva mediática organizada por la derecha. Su argumento parte de una realidad: existen medios, empresarios, comentaristas y operadores digitales con intereses económicos o políticos, y las redes sociales facilitan campañas de desinformación, ataques coordinados y manipulaciones. El conflicto de TV Azteca y Ricardo Salinas Pliego con el gobierno federal demuestra, además, que información, negocios y poder político pueden entremezclarse.
Sin embargo, la gobernadora incurre en una generalización riesgosa: coloca dentro de una misma categoría las mentiras, las calumnias, las críticas ciudadanas y el trabajo de medios contrarios a Morena. No toda información incómoda forma parte de una conspiración derechista, como tampoco toda crítica busca chantajear, extorsionar o conquistar posiciones de poder. En una democracia, el gobierno tiene derecho a responder y señalar falsedades, pero también la obligación de distinguir entre una campaña fabricada y un cuestionamiento sustentado.
El texto posee un tono más militante que institucional. Margarita González Saravia escribe como integrante de un movimiento bajo asedio y no como gobernadora obligada a rendir cuentas ante una sociedad plural. La mejor defensa frente al llamado “golpeteo mediático” no consiste en descalificar globalmente a quienes critican, sino en presentar datos, resultados y pruebas que desmonten cada señalamiento. Cuando faltan esas respuestas concretas, el discurso sobre los enemigos puede convertirse en un recurso para evadir errores propios.
Finalmente, afirmar que los ataques apenas producen “pequeñas raspadillas” transmite confianza en la fortaleza electoral de la Cuarta Transformación, pero también cierta autosuficiencia. En Morelos existen problemas reales —violencia, servicios deficientes, conflictos municipales y rezagos económicos— que no fueron inventados por robots ni por la derecha. Las mentiras deben denunciarse; las críticas verdaderas, aunque raspen, deben escucharse. Porque algunas raspaduras, si se ignoran, terminan convirtiéndose en heridas políticas.
