CLAUDIA SHEINBAUM ANTE UNA DE LAS DECISIONES MÁS DURAS DE SU GOBIERNO
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 30 de abril de 2026
La presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra, apenas en su segundo año de mandato, ante uno de los mayores desafíos de su administración: el escándalo desatado por la acusación formal de la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios más, presuntamente vinculados a los “Chapitos” del Cártel de Sinaloa.
Este caso no solo pone en entredicho la integridad de un gobernador de Morena, sino que amenaza con erosionar la credibilidad del proyecto de la Cuarta Transformación en materia de seguridad y combate a la corrupción.
La mandataria, que ha evitado pronunciamientos profundos y respondido con frases como “no tengo conocimiento” sobre la revocación de visa del gobernador, enfrenta ahora una encrucijada que definirá el resto de su sexenio.
La presión binacional es intensa. Mientras Washington avanza con acusaciones que incluyen narcotráfico, sobornos y hasta secuestros con homicidio, Sheinbaum ha exigido “pruebas” y advertido contra intromisiones unilaterales de Estados Unidos. Sin embargo, el silencio o la cautela inicial podrían interpretarse como debilidad o como protección a cuadros de su propio partido.
Decidir si respalda públicamente a Rocha, exige su renuncia o promueve una investigación interna profunda en la Fiscalía General de la República implica riesgos políticos mayúsculos: perder apoyo en Sinaloa y entre gobernadores morenistas, o aparecer ante la opinión pública como tolerante ante la infiltración del narco en las instituciones.
Además, este episodio se suma a otras tensiones recientes, como el incidente con agentes estadounidenses en Chihuahua y las demandas de cooperación antinarcóticos más agresiva por parte de la administración Trump. Sheinbaum debe equilibrar la defensa de la soberanía nacional —bandera histórica de su movimiento— con la necesidad real de resultados en materia de seguridad para frenar el flujo de fentanilo y la violencia que asola varios estados. Cualquier decisión equivocada podría tensar aún más las relaciones bilaterales y afectar el nearshoring y la inversión extranjera que tanto necesita México.
En lo interno, la presidenta enfrenta también el dilema de la unidad partidista. Respaldar a Rocha sin condiciones podría alentar críticas de la oposición y de sectores de la sociedad civil que exigen mano dura contra la corrupción. Por el contrario, distanciarse abruptamente de un aliado clave generaría fracturas en Morena y cuestionamientos sobre la lealtad al legado de Andrés Manuel López Obrador. La forma en que Sheinbaum maneje este caso enviará una señal clara: ¿priorizará la lealtad política o la credibilidad institucional?
Al final, estas horas representan un punto de inflexión. Las decisiones que tome Claudia Sheinbaum en lo sucesivo —ya sea coordinar una respuesta judicial firme, reforzar la cooperación internacional con límites claros o impulsar una depuración interna en los gobiernos estatales— marcarán si su gobierno logra consolidar una agenda de seguridad creíble o si quedará atrapado en las mismas contradicciones que han debilitado a administraciones anteriores. El futuro de su liderazgo y la percepción de su mandato dependen de cómo navegue estas aguas turbulentas.
