EL MEJOR DINERO PROVENIENTE DEL PRESUPUESTO PÚBLICO ES EL QUE VA ENTERRADO
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 09 de junio de 2026
Hace tiempo hablamos de esa máxima no escrita en la política local: el mejor dinero es el que va enterrado. No se trata de tesoros piratas ni de ahorros bajo el colchón, sino del presupuesto público que se invierte en obras subterráneas: drenajes, redes de agua potable, colectores y tuberías que desaparecen bajo el asfalto y son, por naturaleza, muy difíciles de fiscalizar en tiempo real. Una vez tapadas, solo queda confiar en que el material fue el prometido, que los metros lineales corresponden y que la obra no se degradará en pocos años.
En Cuernavaca, esta lógica no es nueva, pero la administración actual del alcalde José Luis Urióstegui Salgado la convirtió en prioridad estratégica. El Ayuntamiento, a través del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC), ha enfocado buena parte de su inversión en rehabilitar y sustituir redes que, en muchos casos, tienen más de 40 años de antigüedad y están hechas de materiales obsoletos como asbesto-cemento. El resultado: menos fugas visibles, menos socavones y, sobre todo, dinero que “desaparece” bajo tierra con la bendición de la necesidad pública.
OBRAS RECIENTES Y EN MARCHA
Estos son algunos ejemplos concretos:
Sustitución de más de 5,290 metros lineales de tubería de agua potable en colonias como Lomas de Atzingo, Rancho Tetela, Prados de Cuernavaca, Reforma, Chula Vista y Lázaro Cárdenas. Inversión superior a los 29.7 millones de pesos solo en las primeras 12 obras supervisadas.
Cambios de líneas de conducción en Vista Hermosa (660 metros de 12 pulgadas), La Pradera (750 metros de 8 pulgadas) y Ciudad Chapultepec, con recursos del PRODDER de CONAGUA por alrededor de 10 millones de pesos. El objetivo declarado: evitar fugas que provocan hundimientos y contaminación.
En el Programa Anual de Obra Pública 2026 se aprobaron 74 obras con énfasis en agua potable, drenaje sanitario, rejillas pluviales y obras integrales (drenaje + agua + pavimento). Se proyectan cuatro nuevos tanques elevados, rehabilitación de pozos y una inversión estimada cercana a los 150 millones de pesos (aunque el monto final dependerá de recursos federales y estatales).
El discurso oficial es impecable: se moderniza la red con polietileno de alta densidad (PEAD) que dura 50 años o más, se reduce la pérdida de agua en una ciudad que enfrenta estrés hídrico y se mejora la calidad de vida de miles de familias. Y sí, muchas de estas obras son necesarias. Las tuberías viejas se rompen, contaminan y generan problemas reales.
LA PREGUNTA INCÓMODA
Pero aquí vuelve la máxima: el mejor dinero es el que va enterrado. Una vez que se cierra la zanja y se pone el pavimento encima, ¿quién verifica con detalle que los tubos instalados fueron los especificados en el proyecto? ¿Que el espesor, la calidad y la instalación cumplen al 100%? Las supervisiones semanales que anuncia la Secretaría de Desarrollo Urbano suenan bien, pero la opacidad natural de lo subterráneo siempre deja un margen amplio para “ajustes”.
Cuernavaca no es excepción nacional. En muchos municipios, las obras hidráulicas son el rubro favorito precisamente por eso: generan empleo visible (excavadoras, pipas, trabajadores en la calle), resuelven una necesidad sentida y, una vez terminadas, pasan a la memoria colectiva como “logro de la administración” sin que nadie pueda fácilmente exhumarlas para auditarlas.
No estoy diciendo que todas estas obras estén mal hechas. Al contrario: ojalá cada metro de tubería nueva cumpla su propósito y Cuernavaca deje atrás décadas de fugas y hundimientos. Lo que subrayo es la necesidad de transparencia extrema en este tipo de inversiones: publicación detallada de bitácoras, pruebas de materiales, geolocalización de las nuevas redes y auditorías independientes posteriores.
Porque al final, el dinero público que mejor rinde es el que, además de estar bien enterrado, deja huella clara: agua que llega limpia, presión constante y calles que no se hunden cada temporada de lluvias. Si la administración actual logra eso de manera verificable, habrá honrado la máxima de una forma constructiva.
Mientras tanto, sigamos exigiendo que el dinero enterrado no se convierta en tesoro oculto para unos pocos, sino en verdadera infraestructura para todos los cuernavacenses. El subsuelo de la ciudad merece obras dignas… y los ciudadanos merecemos saber exactamente qué hay debajo de nuestros pies.
