ENTRE LO QUE AYUDA Y LO QUE ESTORBA

PERSPECTIVA
Por Marcos Pineda Godoy
Martes 14 de abril de 2026
Desde un inicio, pero con acentuaciones críticas en lo que va de su segundo año de gobierno, la presidenta de la República ha salido en defensa, minimización, evasión o de plano apoyo en las consecuencias que ya estamos viviendo de las herencias atribuibles a su antecesor.
Claudia Sheinbaum Pardo no ha reconocido negligencias, errores, despropósitos o caprichos de Andrés Manuel López Obrador que hoy ya tienen consecuencias más allá del mal uso de los recursos públicos, sino que han cobrado vidas humanas, en accidentes que no tuvieron por qué ocurrir. La receta es la de siempre, mirar hacia atrás y culpar a los gobiernos anteriores al de AMLO.
La popularidad y aprobación de la presidenta se mantiene en niveles muy elevados, tanto o más que cualquier presidente con quien se le compare, desde que las encuestas se aplican en México. Sin embargo, los números respecto a las áreas específicas de su gestión gubernamental van trepidantemente a la baja. Ya no alcanza evaluaciones aprobatorias en rubros como seguridad, combate a la corrupción, empleo, economía y salud pública, por mencionar los más sensibles. Digamos que la presidenta sigue bien, en cuanto a su percepción individual, pero los resultados de su gobierno no.
Por más llamados a la unidad en torno a su movimiento de la autodenominada “cuarta transformación”, las fisuras sociales y políticas se han hecho evidentes. Inconformidades en comunidades de las más atrasadas y vulnerables, con todo y programas asistenciales, de muy variado tipo. Pleitos anunciados o velados, aunque en curso, dentro de las cámaras del Congreso de la Unión. Su partido político, Morena, y sus aliados, el Verde y el PT, todos estos ya enfocados en qué les va a tocar en el próximo reparto de las parcelas del poder, con las elecciones del 2027.
En esta lucha Morena terminará cediendo espacios a sus aliados, porque tiene muy claro que, si bien sigue siendo el partido mayoritario, necesita, sí o sí, de sus dos aliados, para mantenerse como una fuerza política hegemónica. Morena, por sí sólo, en promedio, trae cerca de un 40% de la intención de voto y eso no le alcanza para tener un final de sexenio ni con mayoría simple. Por fuerza, PT y Verde deberán ser tomados en cuenta a la hora del reparto del pastel.
El discurso oficial es que las candidaturas serán definidas por encuestas. Pero eso no se lo creen ni los que quieren participar en ellas. Sí será requisito salir bien en las que se lleven a cabo, pero la decisión final de quién va se tomará en las altas esferas, lo comentan en corto, hasta los aspirantes a las candidaturas, que deberán, antes, ser nombrados coordinadores de la defensa de la transformación, para ya poder andar en campaña, sin ser sancionados.
Hoy que las falsedades, medias verdades, excesos y corruptelas del sexenio anterior salen a flote, ¿qué tan útil será todavía invocar el nombre y el legado de AMLO en las campañas del año que viene? Claudios y López se van a estorbar mutuamente. La oposición, fulminada de antemano, invertirá esfuerzos en subsistir, que en buena medida dependerá de qué tanto acierte o se equivoquen Morena y sus aliados.
Y PARA INICIADOS:
Ya lo puso claro la presidenta. Funcionarios que aspiren a ser coordinadores de la transformación, o sea, candidatos, deben ya de presentar su renuncia. Pero no dijo nada específicamente de quienes ocupan un cargo de representación popular, diputados y senadores. ¿También les aplica o cómo? Sería bueno que lo puntualizaran. Al fin y al cabo, esos pueden regresar a sus cargos si pierden la apuesta.
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