La era de la ira en México: El enojo social como motor de la 4T y la polarización
En su obra La era de la ira (DEBATE, sello perteneciente al grupo Penguin Random House Grupo Editorial 16 de junio de 2026) el politólogo Agustín Basave desentraña cómo las emociones colectivas desplazaron a la razón en el tablero político contemporáneo, diseccionando el caso específico de México bajo el régimen de la Cuarta Transformación. El autor detalla cómo la indignación ciudadana frente a la vieja política no solo fue el trampolín para el ascenso de este movimiento, sino cómo esa misma ira ha sido institucionalizada desde el poder como un recurso estratégico. A través del concepto de posracionalidad, el libro demuestra que la polarización y el encono social actual no son casualidades, sino el combustible indispensable para mantener viva una narrativa de confrontación permanente.
Basave explica que el populismo de la Cuarta Transformación (4T) en México nació directamente del hartazgo social acumulado durante décadas de políticas neoliberales. El enojo de la población fue alimentado por la corrupción sistémica, la rampante impunidad, el estancamiento de los salarios y una profunda desigualdad que marginó a las mayorías. Andrés Manuel López Obrador supo capitalizar este malestar legítimo, canalizándolo en un proyecto político que prometía desmantelar los privilegios de las élites, dándole una voz y una identidad política al resentimiento popular acumulado frente al antiguo régimen.
El triunfo electoral y la posterior consolidación de la 4T no calmaron este enojo social, sino que lo transformaron en un motor permanente de gobernabilidad. Según el análisis de la obra, el populismo requiere una narrativa de conflicto continuo para mantener la cohesión de sus bases. De este modo, el enojo original mutó de un sentimiento de protesta a un instrumento de poder institucionalizado, donde las carencias sociales persistentes se utilizan para justificar la lucha radical contra los supuestos enemigos del pueblo y del cambio político.
En el México de hoy, este malestar se mantiene vivo y es alimentado deliberadamente desde el poder mediante una estrategia de polarización calculada. La división de la sociedad entre el “pueblo bueno” y los “conservadores” o “adversarios” no es un accidente, sino una táctica retórica sistemática para mantener encendido el resentimiento. Al fragmentar el debate público, el gobierno cohesiona a su electorado en torno a una causa emocional y moral, bloqueando el juicio crítico y aislando a sus seguidores de los datos duros o los errores de la administración.
Finalmente, esta dinámica da paso a lo que Basave denomina posracionalidad política. El debate de ideas cede su lugar a las pasiones, donde la verdad de los hechos importa menos que la lealtad a la narrativa gubernamental y la animadversión hacia el oponente. Al alimentar la ira de manera perpetua, la polarización de la 4T erosiona el pluralismo democrático, reduce el espacio para el consenso y fomenta un entorno donde la sociedad, sumida en la posverdad y el encono, prefiere castigar al pasado antes que exigir soluciones racionales y efectivas para los problemas del presente.

