LAS LLAMAS QUE DESNUDARON LA NEGLIGENCIA Y EL OPORTUNISMO EN LAS GRANJAS
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 10 de agosto de 2026
La deflagración que sacudió la colonia Las Granjas, en los límites entre Cuernavaca y Jiutepec, no solo quemó viviendas, vehículos y cuerpos. Exhibió, con crudeza, los vacíos de control, la irresponsabilidad acumulada y la impericia de funcionarios estatales y municipales que debieron prevenir lo previsible.
El 6 de agosto, una fuga de gas LP de una pipa de Tomza-Gas Titanium, mientras surtía un domicilio sobre la calle 10 de Abril esquina con Francisco Villa, generó una nube inflamable que terminó en una deflagración. El saldo oficial: al menos 21 lesionados —varios de gravedad, entre ellos menores—, decenas de inmuebles afectados (algunos inhabitables) y un vecindario convertido en escenario de dolor. La pipa no estalló, según aclaró la Coordinación Estatal de Protección Civil de Morelos (CEPCM), pero el gas sí incendió vidas.
Desde el primer momento, la tragedia sirvió también de escaparate para el oportunismo político. En el mismísimo lugar de los hechos o a distancia, a través de declaraciones, posts y “muestras de solidaridad”, aparecieron las poses de quienes aprovechan el sufrimiento ajeno para posicionarse. Mientras las víctimas y sus familias enfrentaban quemaduras, escombros y la incertidumbre de reconstruir lo perdido, la agenda mediática se llenó de gestos calculados. La tragedia, una vez más, se convirtió en moneda de cambio.
Hay, sin embargo, acciones tangibles que merecen reconocimiento. La CEPCM, encabezada por Ubaldo González Carretes, anunció el inicio de un procedimiento administrativo contra la gasera Tomza. Se revisará la documentación técnica y administrativa de la unidad involucrada; las sanciones podrían ir desde multas hasta medidas más severas. Es un paso necesario, aunque tardío: la empresa enfrenta además decenas de denuncias por daños y lesiones ante la Fiscalía. Esta última institución tiene listas más de 30 denuncias para integrar las respectivas carpetas de investigación.
La pregunta sigue en el aire: ¿cuántas inspecciones previas fallaron? ¿Cuántas omisiones en el control de unidades que circulan por zonas densamente pobladas permitieron que una fuga se convirtiera en calamidad?
Por su parte, las autoridades de Salud cumplieron. Atendieron de inmediato a los heridos en hospitales del IMSS, IMSS-Bienestar y Cruz Roja. Gestionaron traslados de alta especialidad: una paciente (Karla, de 15 años, con quemaduras en más del 58 por ciento del cuerpo) fue enviada al Hospital Shriners Children’s en Galveston, Texas; otra (Vivian Sharif Martínez García, de 21 años, con más del 70 por ciento de superficie corporal afectada y lesiones respiratorias) llegó vía aérea al Hospital de Traumatología Magdalena de las Salinas, en la Ciudad de México. No fue “nomás una” a Texas: se movilizaron recursos para al menos dos casos críticos. Eso habla de coordinación cuando la urgencia lo exige.
Pero la atención médica, por eficiente que sea, no borra las causas. La deflagración de Las Granjas es el síntoma de un problema más profundo: la normalización del riesgo en el manejo de gas LP, la debilidad en la supervisión de empresas y la falta de protocolos estrictos en vialidades urbanas. Irresponsabilidad, negligencia y omisiones no son abstractas; tienen nombres, cargos y firmas. Mientras no se sancione con rigor y se corrijan los vacíos estructurales, las próximas llamas seguirán encontrando el mismo terreno fértil.
Las víctimas de Las Granjas merecen más que discursos y módulos de atención temporal. Merecen que esta tragedia no se diluya en el ruido político ni se archive como un “accidente”. La memoria de los quemados y de las casas destruidas exige responsabilidad real, no solo reacciones después del fuego. Y ahí estuvieron durante la mañana de este lunes, luego de un sensacional viaje de placer. Presentes… de manera tardía.
