MORELOS: CUANDO CONSEGUIR TRABAJO ES DIFÍCIL Y CONSERVARLO TAMBIÉN

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 25 de agosto de 2026
Durante mucho tiempo hemos observado la inseguridad y la economía como si fueran problemas separados. Por un lado contamos homicidios, extorsiones, robos y desapariciones; por el otro hablamos de inversión, empresas, salarios y empleos. Pero llega un momento en que ambas crisis terminan encontrándose, y Morelos parece aproximarse peligrosamente a ese punto. Los indicadores recientes del IMSS muestran una fuerte desaceleración del empleo formal y una disminución de registros patronales. Conseguir un trabajo con prestaciones se vuelve complicado; conservarlo, también.
Las cifras deben preocuparnos. Morelos alcanzó en febrero de 2026 alrededor de 224 mil 693 puestos registrados ante el IMSS y para mayo había descendido a aproximadamente 215 mil 454. Estamos hablando de más de nueve mil empleos menos en apenas tres meses. Paralelamente disminuyeron los registros patronales, aunque conviene aclarar que una baja ante el IMSS no significa necesariamente el cierre de una empresa. Aun con esa precisión, la coincidencia de ambos indicadores merece atención: hay menos trabajadores registrados y también menos patrones registrados.
A esa debilidad económica debemos agregar un elemento todavía más inquietante: la inseguridad comienza a convertirse en un impuesto clandestino para quienes producen y trabajan. Comerciantes y empresarios de Cuautla y la zona oriente siguen denunciando extorsiones y cobros de piso; transportistas enfrentan robos, amenazas y suspensión temporal de servicios; pequeños establecimientos tienen que incorporar a sus gastos algo que jamás debería formar parte de un presupuesto empresarial: el costo de protegerse de la delincuencia. Cuando abrir diariamente un negocio significa preguntarse primero cuánto costará mantener alejados a los criminales, algo profundamente grave está ocurriendo con nuestra economía.
El círculo puede volverse perverso. Menos inversión genera menos empleos; menos empleos producen menos oportunidades; la inseguridad desalienta nuevas inversiones y la falta de oportunidades facilita que la delincuencia encuentre jóvenes vulnerables para reclutar. No significa que el desempleo convierta automáticamente a alguien en delincuente, pero sí que una sociedad incapaz de ofrecer expectativas laborales suficientes amplía los espacios para la informalidad, la migración y, en los casos extremos, para organizaciones criminales que ofrecen dinero rápido donde la economía legal no ofrece alternativas.
Por eso las cifras del IMSS deberían ser observadas con la misma atención que las estadísticas de seguridad. Morelos necesita policías e inteligencia contra la delincuencia, pero también empresas abiertas, inversión productiva y empleos dignos. La verdadera recuperación no llegará solamente cuando disminuyan los homicidios o las extorsiones, sino cuando un joven pueda encontrar trabajo, un pequeño empresario pueda abrir su cortina sin miedo y una familia tenga la certeza de que el salario del próximo mes seguirá llegando. Porque hoy el problema empieza a resumirse de una manera preocupantemente sencilla: en Morelos conseguir trabajo es difícil; conservarlo, también.
